lunes, 21 de diciembre de 2009

Desvergonzados y desmemoriados

José Piñera, el hermano del actual candidato a la presidencia, acusó recientemente a Frei de "uso electoral obsceno" del asesinato de su padre.
Discutir esta frase parece ocioso, no porque ella no pueda ser cierta, sino por lo absurdo de la acusación. Evidentemente el asesinato de un ex presidente es un elemento de juicio en una campaña electoral. No es lo mismo votar por las víctimas que por los victimarios.
En relación a esta frase, sin embargo, vale la pena escribir algunas palabras, en sus dos sentidos: en el electoral y en el de los crímenes.
José Piñera fue dos veces ministro durante la dictadura de Pinochet. Primero del Trabajo y Previsión Social (1978 a 1980) y luego de Minería (1980 a 1981).
Recordará el señor Piñera que mientras él fue Ministro se realizó en Chile el Plebiscito de 1980, que dio por resultado la aprobación de la Constitución de 1980. Imagino que también recordará que en ese período se le negó a la oposición casi toda posibilidad de hacer actos públicos y el acceso a los medios para difundir su opción contraria a la dictadura. Pero la intervención no terminó ahí. Tampoco hubo registro electoral. Incluso el propio general Leigh reconoció que hubo fraude, cosa que después fue demostrada contrastanto el número de votantes con los resultados del censo de 1982: en no pocos lugares aparecieron más votos que habitantes mayores de 18 años.
Por otro lado - y descontando los crímenes que significaron la creación de las AFP's y sus reformas laborales - durante los períodos ministeriales del señor Piñera, fueron asesinados por la dictadura para la cual él voluntariamente trabajaba 64 personas, de acuerdo al Informe de la Comisión Verdad y Reconciliación. Desgraciadamente no se disponde de una estadística similar respecto de los detenidos y torturados, pero es posible estimar que deben haber sido unas cuantas centenas (el Informe de la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura establece que entre 1978 y 1990 fueron detenidas un total de 4.308 personas).
La pregunta que se podría plantear en este punto, es ¿cómo es posible que una persona con ese pasado pueda emitir un juicio acerca del uso electoral del asesinato del presidente Frei Montalva, con tal desfachatez y total impunidad? Es decir, ¿sin recibir de vuelta el una amplia reprobación social?
La respuesta, más allá de la operación blanqueo que ha tratado de armar acerca de su propia historia personal, tiene que ver con que uno de los éxitos de la derecha chilena fue poner la muerte y tortura de los opositores a Pinochet a la misma altura moral que los supuestos logros económicos y políticos. Es decir, como un costo razonable y necesario.
Permitir esto ha sido, sin duda, una de las grandes debilidades políticas de la Concertación y de su trabajo de la memoria.
Pero de ahí a que uno de los ex funcionarios de la dictadura siga actuando como personaje público a costa de este tipo de juicios, parece, de parte de él, una desvergüenza y, de la nuestra, un exceso de desmemoria.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Carta a la izquierda progresista

Queridos compañeros de izquierda progresista,

me dirijo a ustedes para felicitarlos. En primer lugar, por su trabajo. Gracias a su esfuerzo llevaron a buen término la candidatura de Marco, aun cuando perdieron a todos los soldados parlamentarios. Pero bueno, es deber de un soldado morir por sus superiores.
En segundo, por su consecuencia. Por insistir en que los votos de Marco no son endosables a ninguno de los candidatos, porque "no son la esperanza de un país distinto". Bueno, salvo por lo que insinuó cuando dijo que tal vez, si renunciaban los presidentes de partidos de la Concertación.... Pero bien sabemos que éste puede haber sido un lapsus en el fragor de la batalla.
Pero además les escribo para plantearles algunas inquietudes que tengo, como compañero de izquierda conservadora que no logra comprender muy bien a la progresista (posmoderna, como suelen llamarla con mala leche).
La primera duda se refiere a la posibilidad de ser de izquierda con apoyos transversales y sin partidos. Es decir, apoyados por gente de derecha y por otros tantos de izquierda que sienten una atracción genética por ser Marco hijo de quien es, y no por ideas. Antes, al menos lo que recuerdo, los proyectos de izquierda y de derecha eran excluyentes, porque se diferenciaban en el tipo de sociedad que se quería construir y en el modo de lograrlo.
La otra duda se refiere a la renuncia a negociar con la Concertación y facilitar así la llegada de la derecha el gobierno. Puede ser que ello se deba a una estrategia de largo plazo: agudizar las contradicciones del capitalismo y lograr, si no hacer la revolución, ganar el 2014 por la vía electoral. Si fuera así, es comprensible, salvo por las implicancias que ello podría tener para los pobres. No digo que se vayan a empobrecer aún más, ya que la derecha no será tan idiota como para reducir las ayudas sociales. Al contrario, será lo suficientemente inteligente para seguir acrecentando la ya insalvable distancia que los separa de ellos.
En este punto me pregunto además cómo es posible que una izquierda progresista soslaye la cuestión moral de entregar el poder a quienes trabajaron con y para la dictadura. Coincido en que sobre la Concertación se pueden decir muchas cosas, pero en esto sí tiene una distancia moral con la derecha. También concuerdo en que ésta es una duda retrógrada cuando de lo único que se quiere hablar es del futuro. Pero tal vez en este aspecto se necesite recordar el pasado.
He tratado de responderme esta última pregunta pensando que los generales de Marco (él incluido) no vivieron mucho en Chile, como Marambio, o su vocero, Álvaro Escobar, o su padre adoptivo. Y que, por lo mismo, no tienen esa aversión a la derecha pinochetista que aún tenemos quienes vivimos toda la dictadura acá.
Pero no quiero aburrirlos, sino sólo plantearles dudas que me cuesta responder. En ocasiones me pregunto si lo sucedido tiene que ver con construir otro tipo de sociedad, como aún pensamos los más conservadores que es posible, o si se trata sólo de una clásica purga entre cúpulas, en la que en esta oportunidad el objetivo no es ganar, sino hacer que el otro pierda. Y en la que los pobres no representan mucho más que un voto.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Marco ¿el ingenuo?

Más allá de las caricaturas que se han hecho, a juicio de los entendidos desde la época del cura de Catapilco que la derecha chilena no había logrado montar una operación electoral tan exitosa como la que rodea a Marco Enríquez-Ominami.
Antonio Zamorano Herrera fue párroco de Catapilco (V Región) entre 1940 y 1956. Ese año resultó electo senador por Valparaíso y Quillota; cargo que desempeñó hasta 1961. En 1958 se postuló como candidato a la Presidencia de la República, obteniendo sólo 41.244 votos (3,36%). Sin embargo, ellos bastaron para evitar que Allende ganara y permitieron que Jorge Alessandri fuera elegido por 30 mil votos.
Esa especie de "cuña electoral" fue construida y patrocinada en gran medida por la derecha y logró confundir a parte importante del electorado de izquierda, dado su origen popular y militancia socialista.
Algo similar - dicen - ha ocurrido con MEO. La derecha lo ha puesto en los medios (en su mayoría de su propiedad) de manera permanente, dándole una cobertura superior a otros candidatos. Lo mismo ha hecho con la presidenta Bachelet. Sin querer desmerecer su gestión, lo que se ha intentado es realizar una operación "tijera", que ha instalado al candidato actual de la Concertación en el punto de cruce entre la popularidad de la presidenta y MEO. El objetivo es simple: dejarlo sin apoyo al poner a su lado a ambos (cosa nada difícil, pensando en la precariedad del candidato).
¿Cuál es la apuesta de la derecha? Que en la segunda vuelta gran parte del electorado de centro, que ahora está con Frei por su vínculo con la Concertación, no votará por MEO. Algunos han llegado a señalar, que de pasar éste el resultado será al menos 40 a 60.
Pero también hay quienes sostienen que MEO sabe que no pasará a segunda vuelta. Aquí las opiniones se dividen. Están quienes piensan que en esas circunstancias finalmente se alineará con Frei. El precio será el habitual: un par de ministerios, intendencias, gobernaciones y una que otra embajada. Para su padre adoptivo, por ejemplo, quien al parecer perderá la elección de senador y - dicen - añora París.
Otros creen que MEO intentará armar una nueva izquierda con mayor identidad y distanciada del centro político (y que esa sería la apuesta de Chávez y Correa, e incluso Fidel, quienes han contribuido con un generoso financiamiento, del que Marambio no sería mucho más que el estafeta). Esto, sin embargo, no se ve fácil, ya que si Frei pierde habrá varias boletas por cobrar.
Además, porque sus propuestas no son de izquierda, ni mucho menos sus adherentes. Es más bien una mixtura de orígenes e intereses que se ha apropiado del discurso más clásico de la derecha: el discurso anti-política.
En síntesis, no está claro si MEO es un tipo de una lucidez tal que le permite proyectar esta elección mucho más allá de su contingencia o si su vanidad lo lleva a rayar en la estupidez y no ve la operación que hay detrás de su campaña.
Es decir, si bajo todo ese desplante hay una gran estrategia, pragmatismo o una enorme ingenuidad política.
Como sea, el enigma se descifrará pronto.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Verdad y justicia

"Cuando se trata de la verdad y la justicia, no existe la distinción entre pequeños y grandes problemas".

Albert Einstein


("Wenn es sich um Wahrheit und Gerechtigkeit handelt, gibt es nicht die Unterscheidung zwischen kleinen und großen Problemen"
Nathan, O., und H. Norden (Ed.) (1955): Einstein on Peace. Londres 1963, p 636.)

lunes, 23 de noviembre de 2009

Libertad de prensa y castración de expresión*

* Por Omar Saavedra Santis, escritor

Hace veinte años, con ocasión del estruendoso desplome del Muro de Berlín, escribí un artículo de opinión, que fue publicado in extenso sin ningún tipo de cortes editoriales en la desaparecida revista chilena “Análisis”. Sobre el mismo suceso fui entrevistado hace poco por un periodista de Televisión Nacional de Chile de apellido Pavlović. Fue una cordial entrevista frente a cámara, de algo más de treinta minutos. Mucho menos cordial y alevosamente tendenciosa fue la selección que el periodista de marras hizo de mis opiniones, las que redujo a dos o tres frases arrancadas de un contexto mucho más denso y complejo que el anecdotismo ramplón con que TVN se acopló a la conmemoración del emblemático hecho.

En la mencionada entrevista dije entre otras cosas, que el Muro menos que una decisión de la dirección política de la RDA había sido ante nada el resultado directo de la Segunda Guerra Mundial, como lo fue también la destrucción casi total, física y moral de Alemania. Por lo mismo expresé mi temor (el mismo que sobresaltó a François Miterrand) de que la caída del Muro volviera a invocar los fantasmas más terribles de la historia alemana, los que engendraron esa guerra. Hablé también del “patético entusiasmo” que observé en las calles de Alemania Oriental cuando aquella fea arquitectura de la guerra fría cayó para siempre. Sostuve la opinión de que la desaparición del limes ideológico que separaba a “ambas” Alemanias de posguerra, desde el punto de vista emocional -y hasta cierto punto también cultural- podía ser entendido como una “reunificación”, pero en lo político y económico había sido más bien un Anschluss, una anexión simple y llana. Hice presente que no es improbable que hoy día un par de millones de alemanes del Este se sientan exiliados en su propio territorio. Cité las dudas actuales de muchos políticos alemanes de todos los partidos, sobre la justeza y rectitud del complicado proceso de reunificación, que como todos saben- está aún muy lejos de concluir. En esta parte agrego un largo et cetera.
Como dije, fue una larga entrevista. Una que por desgracia, el periodista Pavlović, en uso y abuso de una arrogante potestad “profesional” mutiló a su antojo. No es mi intención imponer a nadie mis opiniones personales, pero se me hace difícil aceptar sin protestas, que otros se esfuercen por castrar las mías. Debo aceptar empero, que Pavlović no faltó de modo alguno a su ethos personal. Él permaneció fiel al mainstream de nuestros tiempos, al que sirve con devoción monocular. En verdad, el error fue mío, al creer que la ecuanimidad y objetividad eran aún valores constantes de la libertad de prensa.
¿Por qué elegí precisamente la RDA, el “otro lado“ del Muro, como lugar de exilio? Es una pregunta que Pavlović no me formuló, pero que yo escucho a menudo, sobre todo por alemanes. A muchos de ellos les parece un absurdum que alguien haya escogido entrar a un país, del que supuestamente querían huir todos. La verdad, es que mi respuesta a esta pregunta es para mí mismo más emocional que racional, y por lo mismo subjetiva. Independientemente del hecho de que los países de exilio por lo general no se escogen por catálogos turísticos, digo y me digo, que quizá lo decisivo en la toma de esta decisión fue mi peregrina suposición de que mi exilio sería muy breve. Tan breve, que para sobrellevarlo cualquier país daba lo mismo. A esto se agrega el hecho de que ese pequeño país alemán llamado República Democrática Alemana, a diferencia de aquel otro más grande llamado República Federal de Alemania, había demostrado una solidaria simpatía con aquella legendaria experiencia que significó el gobierno de Salvador Allende durante los mil días que este duró. Experiencia de la que participé con entusiasmo. Aún cuando ese pequeño país alemán del que hablo ha desaparecido para nunca jamás de los mapas, él permanece como un punto de referencia de uso frecuente en el actual discurso político internacional y muy en particular del alemán. Esta testaruda reminiscencia por esa república muerta, es variopinta. A veces honesta, a veces mentirosa, pero siempre actual. Heiner Müller, con seguridad el dramaturgo más importante de la segunda mitad del pasado siglo XX, decía que hoy se puede decir todo lo que a uno se le antoje sobre la RDA porque los cadáveres no suelen discutir el resultado de las autopsias.
Independientemente de los juicios o prejuicios políticos que hoy en día se pronuncian sobre ese mínimo pedazo de historia alemana que se llamó DDR, ese país -con todo lo que fue y no fue- durante quince años significó para mí una posibilidad de sobrellevar de un modo más o menos razonable mi estadía en la distancia. Me siento agradecido de esa posibilidad. Sólo lamento no haberla aprovechado de manera más creativa e intensiva. En mi caso, esta distancia se prolonga ya por más de treinta y cinco años. Varias veces he dado cuenta del raro privilegio que me concedió la historia, al permitirme iniciar mi exilio en un pequeño país alemán que ya no existe y continuarlo después – sin moverme un milímetro del lugar en que estaba parado- en otro país igualmente alemán, pero más grande y en mucho diferente. Como si una vez no fuera suficiente, mi exilio ha sido pues, dos veces alemán. Algunos espíritus demasiado sensibles, tanto en Chile como en Alemania, han llegado a presumir que esta carambola tan rebuscada de la política internacional me ha arrojado de un exilio a otro exilio. Es una presunción equivocada. Yo fui y me sigo sintiendo lo que soy, un exiliado chileno. Con ese título de viaje – válido hasta el día de hoy también en Chile- me basta y me sobra.
Para terminar digo aquí lo que no dije en esa entrevista: por razones que no vale la pena mencionar, no he logrado, ni en la RDA de ayer ni en la Alemania de hoy, encontrar un reemplazo del hogar perdido. Pero en ambos lugares – lo repito con énfasis- en el libro y el arte, pero ante todo en los capítulos de la propia vida simple he encontrado a gente cuyo calor, amistad y cercanía espiritual no quisiera echar de menos. Gente que están y siguen empeñadas en cuidar y cultivar el siempre alabado y tantas veces traicionado humanismo alemán. Estos amigos y amigas alemanes me devuelven siempre el hálito de esperanza que se necesita para seguir obstinado en la realización de aquel difícil proyecto común que se llama Humanidad.

lunes, 16 de noviembre de 2009

¡Profesores de Chile, uníos!

Desde hace varias semanas los profesores han logrado inmovilizar (aún más) la educación pública chilena. Pareciera ser que en esta ocasión el paro sí tendrá la suficiente fuerza como para doblarle la mano al gobierno y oposición, y conseguir el compromiso de pago de la "deuda histórica" y del famoso bono SAE (Subvención Adicional Especial).
No obstante ello, pareciera ser también que el apoyo y legitimidad social del movimiento está tocando piso. No se ha visto a personajes importantes acompañando a los profesores en sus reivindicaciones. Es más, padres y apoderados de todos los colores han salido a reclamar por la pérdida de clases de sus hijos.
Pero esta situación no es nueva. Desde hace varios años, demasiados, la sociedad chilena ha empezado a mirar a los profesores con cierta desconfianza. De haber sido considerado como un gremio maltratado y postergado por la dictadura, ha comenzado a ser visto como un gremio majadero, sin autocrítica y centrado en sí mismo.
Baste como botón de muestra la insistente negativa del profesorado a someterse a un sistema de evaluación docente. Llegar a implementarlo fue un proceso largo, tortuoso y lleno de dobleces. Los maestros, cuyo oficio es enseñar a sus estudiantes y evaluar de manera permanente lo que estos aprenden, se negaban sistemáticamente a ser sometidos a un proceso similar.
Este tipo de actitudes no hizo más que ahondar las dudas que existían acerca de su calidad profesional, ya bastante cuestionada por los resultados de los jóvenes chilenos en pruebas nacionales e internacionales.
Hurgando un poco más en su historia reciente, se puede afirmar incluso que lo que más se recuerda de su participación en el movimiento pingüino del 2006 fue su silencio y falta de coraje para seguir a sus alumnos en las reivindicaciones que ni los padres ni ellos mismos se atrevieron durante años a plantear. Por primera vez en 20 años de democracia se puso el problema de la educación en una perspectiva nacional, situada más allá de las reivindicaciones económicas del gremio.
Pero este movimiento no los sensibilizó como para exigir al estado mayor responsabilidad con la formación de profesores, establecimiento de estándares nacionales, o para pedir un mejoramiento general de la educación pública. No se subieron al carro que los pingüinos pusieron a su disposición. Lo miraron pasar y esperaron para volver a lo suyo.
La situación descrita no hace más que continuar socavando las bases de la desmedrada educación pública y segmentando el sistema educativo: los alumnos que pueden están migrando desde hace tiempo a los colegios particular-subvencionados.
El tema de la educación es de suyo complejo y de difícil solución. Pero más aún cuando el gremio que debería encabezar el proceso de discusión y reforma no ve mucho más allá de sus narices. Tal vez aquí se pueda aplicar el viejo dicho campesino "qué sabe el chancho de aviones si nunca mira para arriba".
No se trata, sin embargo, de negarles a los profesores el derecho a sus justas reivindicaciones sociales. Por el contrario. De lo que se trata es de exigirles que continúen con ellas, pero que las pongan en un contexto nacional que vaya más allá de su propio bolsillo. Es decir, que aprendan, como le piden a sus alumnos, a mirar para arriba.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Conservadores innovando al sur de Chile*

* Por Felipe Rivera

Puede parecer raro el título, pero resulta que también da para pensar en una paradoja... "los conservadores de antaño ya no son los de hoy día". Claro, porque por definición un conservador, no emprende, ni genera nuevas cosas. Los conservadores de hoy, como Pablo Fierro, y muchos otros, tienen justamente una inquietud por generar cosas nuevas, pero desde lo antiguo, desde la historia, rescatando las tradiciones.

Caminando por Puerto Varas conocí el caso de Pablo Fierro, un tipo que estaba trabajando, maestreando, en el frontis de una casa de fachada antigua, atiborrada de cosas antiguas, y con un letrero gigante que decía "Museo Pablo Fierro: Un Proyecto Bicentenario". La idea es realmente genial. Él está montando una especie de museo con artefactos y fotos antiguas, que vendrían a ser el registro vivo de la sociedad del segundo siglo de independencia. Además, parte fundamental del registro son los cuadros de casas y edificaciones antiguas que él pinta mediante distintas técnicas, que me recordaron las pinturas de Thomas Daskam. No sólo la idea es genial, sino también el ímpetu y la emocionalidad con la que él habla de su proyecto. Cosa que cualquier artista debe hacer para lograr efectivamente su objetivo artístico.
Pablo Fierro, tiene plena conciencia de que es lo que está haciendo. Él está simplemente haciendo su arte, para lo cual pidió apoyo a los proyectos bicentenario, pero no lo obtuvo, y declara: "no, para qué, tanto papel, si al final lo que uno quiere hacer es su arte, y que la gente vea esto, y disfrute". Y luego agrega, la frase que expresa la vitalidad total del arte: "tengo que seguir haciendo cosas, seguir trabajando acá, por que si me aburro, terminaré saliendo a buscar pega".
El proyecto de museo, construido en una casa antigua que antes de Pablo Fierro estuvo abandonada, es realmente una iniciativa digna de apoyo de los fondos bicentenario de la cultura y las artes, pero no queda claro si él se resiste a entrar en la burocracia y obtener estos fondos, o nuevamente este es un caso más de desajuste entre las políticas públicas y la realidad. Pese a que me parece que es más lo primero, algo de lo segundo tiene, ya que siempre está el factor de desentendimiento de parte de las políticas hacia las necesidades sociales.
De todos modos, sea lo que sea, el caso de Pablo Fierro, merece una gran vitrina, más allá de las 80 mil visitas que su museo ha recibido. El proyecto es simplemente maravilloso (ver: http://www.pablofierro.cl/wb/index.php).
Contra todo pronóstico, encontré innovación al sur del mundo. Bueno podría ser un caso más de emprendimiento, que de innovación... pero de todos modos con un alto margen de creatividad, y lo mejor de todo que seguro puede hacer crecer el PIB, dejar dinero por efecto de turismo y generar empleo. Después de todo el turismo es uno de los 9 sectores claves del desarrollo económico país descrito en el libro blanco de la comisión de innovación para la competitividad.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Sobre Isapres, AFP's y otros demonios III

Como ya es habitual, la semana recién pasada la Asociación de Isapres (de la que el ex Ministro Eduardo Aninat es presidente) organizó el Encuentro de Nacional de la Salud (ENASA). El evento de este año estuvo marcado por un tema que les preocupa particularmente: el aumento de las acciones judiciales que los afiliados han interpuesto en los tribunales.
Mientras en el año 2007 éstas fueron 737, en el 2008 llegaron a 5.214, sólo en el primer semestre del 2009 van 4.358.
La razón de este crecimiento, a juicio de los entendidos, se debe a dos cosas: por una parte, el éxito de algunos recursos interpuestos por los usuarios que ha generado una especie una reacción en cadena (el 96% ha sido fallado en favor de los afiliados). Por otra, al surgimiento de una “industria” entorno a este tema. Una industria de abogados, con fines de lucro, que se ha especializado en litigar contra las Isapres.
Efectivamente, las costas pagadas por la parte perdedora han hecho que este nuevo rubro aparezca como muy interesante. Éstas ya han alcanzado un total de tres mil millones de pesos.
La situación descrita es bastante pintoresca: la Asociación Isapres se queja porque ha surgido otra industria – al igual que ella con fines de lucro – que ha logrado hacer valer los derechos de los usuarios ante los tribunales y les ha comenzado a quitar parte de la tajada a la que estaban acostumbrados. Es la historia de un tiburón quejándose del nacimiento de un hijo.
Es necesario recordar que parte de esta nueva “industria” se genera precisamente por las exclusiones sobre las que el sistema de salud privado funciona y que el Estado mira con apacible indolencia: costos más altos para las mujeres, alzas para quienes aumentan de edad. Y, por supuesto, exclusión total de quienes tiene enfermedades preexistentes de alto costo. Es lo que ellos llaman elegantemente tabla de factores de riesgo, que no es más que un conjunto de fórmulas para calcular los valores de los planes de quienes podrían enfermarse más allá de los límites que le interesa a las Isapres.
A defender esta industria de la salud con fines de lucro, salió primero el actual Ministro Álvaro Erazo, quien señaló que esta situación no iba en real interés de nadie, que con ella sólo perdía el país y ganaba el ejército de abogados que estaba detrás de los procesos.
Pero esta frase de aparente sentido público era sólo la antesala de la siguiente jugada: el chantaje.
Superada la preocupación por los intereses nacionales, las Isapres señalaron que estos procesos, cuyos costos suman aproximadamente el 1% de los gastos de siniestralidad del sistema, amenazan con encarecer una vez más los precios de los planes. Algo que el abogado Germán Concha calificó como la consecuencia “natural”.
En otras palabras, la Asociación de Isapres está recurriendo al chantaje patronal más atávico: hacer ver a sus obreros (en este caso a los usuarios) que no les conviene reclamar, ya que hacerlo va en perjuicio de ellos mismos.

lunes, 2 de noviembre de 2009

lunes, 26 de octubre de 2009

Banderas negras

Desde hace unos días los pub's de Plaza Brasil exhiben banderas negras en sus portales. Es su forma de protestar ante los nuevos horarios de cierre impuestos por la Municipalidad de Santiago.
Estas banderas recuerdan a las que con frecuencia se veían en las casas cuando los municipios decidían erradicar algún barrio pobre que aún sobrevivía enquistado en el centro de la ciudad. Los pobres y sus ranchos debían ser llevados a la periferia en pos de la modernización urbana.
Ver hondear esas banderas negras rompía el alma. Despertaban solidaridad y dolor. Representaban la expresión más cruel de la prepotencia social de las elites locales, que decidían sin más deshacerse de un "lunar" que afeaba la ciudad. Los pobres, no sólo serían alejados del centro, sino que también serían hacinados y obligados a pagar varios boletos de micro para trasladarse a su trabajo desde su nuevo lugar de residencia.
Las banderas de Plaza Brasil tienen, en cambio, otro significado. No emocionan ni despiertan ningún tipo de solidaridad. Al contrario.
De acuerdo a estadísticas de la Municipalidad, en los últimos seis años unos 25 mil vecinos han abandonado el barrio, ante el notable deterioro que ha sufrido, producto de las peleas y desórdenes asociados a los pub's y restorantes que se han instalado en masa.
Frente a esta situación, se decidió adelantar el horario de cierre de 4 a 2 de la mañana de lunes a viernes y de 5 a 3 de la mañana los sábados y festivos. También se retrasó el horario de apertura de 10 a 12 AM.
Efectivamente el barrio se llena a mitad de la noche de visitantes ebrios, pero ello no debería ser un problema con los debidos controles. Y aunque sin duda esto molesta a muchos, la razón por la que nadie solidariza con los pub's es porque estos abusan de la música a todo volumen hasta las cinco de la mañana, sin considerar que al lado hay vecinos tratando de dormir. Además, porque el día siguiente las calles son una mezcla de basural y baño.
Desgraciadamente, parece que a los dueños de los pub's no les interesa ninguna de las tres cosas. De lo contrario, hace años que habrían hecho algo. Entonces ¿si a ellos no les interesa el bienestar de los vecinos, por qué a estos (nosotros) debería interesarles(nos) que los cierren más temprano? O ¿incluso que los clausuren?
Lo lamentable de esta historia es que haya tenido que llegar al Municipio un alcalde de la derecha más dura, para que podamos dormir un poco más tranquilos. Es probable que ésta sea la única solución que se le ocurre para algo que se podría haber ordenado conversando. Pero pareciera ser también que los dueños de pub's y otros tugurios eran poco dados a ese tipo de conversaciones y acuerdos. Al menos así lo demuestra la nula acogida que han tenido en todos estos años las solicitudes realizadas por los vecinos. Por lo mismo no hubo otra salida que recurrir al autoritarismo más clásico.
¿Habrá que agradecerle al nuevo edil conservador por habernos puesto un poco más a resguardo de los florecientes y asociales empresarios gastronómicos del Barrio Brasil?

sábado, 24 de octubre de 2009

Becas Chile: notas de un perjudicado

Por Felipe Rivera

A raíz de lo sucedido con la asignación de becas chile, surge la siguiente reflexión.
Los hechos pueden ser resumidos en: 1. Chile necesita aumentar su capital humano avanzado, que pueda aportar en llevar la competitividad del país hacia un estado mayor de desarrollo, 2. desde el 2008 y en un perìodo de 10 años, el gobierno en el marco de su estrategia nacional de innovación se pone como meta, que 10 mil profesionales y técnicos chilenos estudien en universidades de categoría mundial, 3. producto de la propuesta postularon más de 5000 profesionales al concurso, se asignaron cerca de 1200 becas (539 para doctorados y 639 para magíster). Hasta aquí todo bien.
A dos semanas de entregados los resultados, se denuncian irregularidades en el proceso, las que obligaron la renuncia del director del servicio público, y los responsables directos. Según informaciones fueron modificados los criterios de ponderación, y elevados los puntajes de corte. Los hechos adquieren mayor gravedad a partir de una declaración de la Ministra de Educación: "la beca la obtuvo gente que no debía ser beneficiada, y no la recibieron otros que sí la merecían". Por otro lado, se ha dicho que la modificación de los criterios fue motivada por los fondos que deben y pueden ser invertidos. Ésta, me parece, sería la única razón de peso, pero sólo en el caso de que las ponderaciones no hayan sido modificadas, ni que las platas sean destinadas a fines eleccionarios, como sabemos que ha sucedido en otras ocasiones (Chile Deportes).
El problema, a mi parecer, merece 3 reflexiones: 1. Nuevamente el gobierno presenta incapacidad de transparencia. Caso emblemático al respecto, fue Chile Deportes. Pero, en este caso, el problema adquiere mayor criticidad por tratarse directamente de un programa destinado a promover la educación, o sea el principal factor de movilidad en las sociedades contemporáneas. 2. De lo anterior se desprende el problema de promover la meritocracia, y evitar que las becas sean otro medio de pago político, como sabemos que son las embajadas y algunas reparticiones del sector público. 3. Por último, está el problema de la competitividad país. Hoy día el mundo ha ingresado a la sociedad del conocimiento, los países, y las organizaciones en general, han tomado conciencia de la necesidad de impulsar el desarrollo de capital humano como factor de productividad. Se trata de poner en la práctica, una visión país.
Frente a los hecho, aquellos que somos ciudadanos (no vincualdos a la elite política), nos queda sólo esperar que los responsables transparenten el proceso. Esto implicaría hacer pública toda la información entregada por los postulantes: ranking con los criterios aplicados, puntajes específicos obtenidos, antecedentes de la trayectoria. Mayor transparencia es un elemento característico de las sociedades avazandas. Una acción de este tipo sería muy provechosa para el actual aparato público, pero mejor aún, permitiría tener un feedback a los postulantes en sus debilidades y fortalezas.

lunes, 19 de octubre de 2009

La lista de supermercado

El primero de los siete famosos debates entre el republicano Abraham Lincoln y el demócrata Stephen A. Douglas tuvo lugar el 21 de agosto de 1858, en Ottawa, Illinois. El acuerdo era bastante simple: Douglas partiría con una presentación de una hora, luego Lincoln dispondría de una hora y media para responder y, finalmente, Douglas podría replicar durante los treinta minutos siguientes.
Con sus cuatro horas, era un debate relativamente breve para la época. Otros eran realizados considerando pausas para que los oyentes fueran a sus casas a comer y luego regresaran a continuar escuchando a los candidatos.
Por lo demás, no se trataba sólo de candidatos a la presidencia, sino a cualquier cargo público importante de elección popular*.
Ésta era la época en que la política formaba parte importante de la vida social y buscaba transmitir una cultura cívica. En estos discursos se presentaban visiones de mundo, de país, de desarrollo, etc. Se ofrecían categorías para pensarse a sí mismo como sociedad y se hacían propuestas acerca de cómo podría ser el futuro.
No tiene que ver esto sólo con que en aquellos tiempos había grandes oradores, sino también con que al frente tenían grandes oidores. Es decir, unos y otros estaban en condiciones de dedicarse a pensar el desarrollo social por varias horas al día, al menos en períodos de campaña.
De estos discursos también tenemos noticias en Chile. Se recuerda particularmente a Arturo Alessandri, también a su hijo, Jorge. Por supuesto a Allende y otros grandes oradores que eran capaces de poner el circulación no sólo un recetario de medidas económicas, sino una visión de sociedad y de futuro.
Los debates actuales, en cambio, descansan principalmente en la capacidad que el candidato tenga para decir alguna minucia en un tiempo mezquino. Nadie quiere hablar mucho, ni tampoco escuchar mucho. Además, pareciera ser que lo único que interesa, por una parte, es trasmitir medidas concretas y, por la otra, tratar de encontrar en ellas el espacio que le corresponde a cada uno.
De ese modo hemos ido transformando la política en una especie de lista de supermercado y a los ciudadanos en gente que busca la mejor oferta: un bono de 40 lucas, la extensión del plan AUGE a otras dos enfermedades, 3.000 carabineros más, privatización de un parte de CODELCO, un millón de nuevos empleos, un sueldo ético familiar, etc.
El mejor ejemplo de esto es el surgimiento de twitter (que en español significa gorjear o piar) como herramienta para transmitir los exiguos pensamientos políticos de los candidatos, en el menor número de palabras posibles. Esto no tiene ninguna relación con mejorar la capacidad de síntesis, sino con simplificar el lenguaje y las ideas.
Hace unos días alguien propuso hacer un debate entre los actuales presidenciables en twitter. Propuesta que por muchos fue alabada como una gran idea.
Tal vez un debate de 4 horas sea una exageración, pero uno en twitter me parece una ridiculez.


*Historia narrada en el libro de Neil Postman: Wir amüsieren uns zu Tode. Urteilsbildung in der Zeit der Unterhaltungsindustrie. Frankfurt a. M.: Fischer Verlag, pp. 60 y ss., 2000.

lunes, 12 de octubre de 2009

¿A qué culpables premiar?

El 27 de septiembre recién pasado, la actual canciller alemana Angela Merkel obtuvo una nueva victoria electoral, que le permitirá gobernar por cuatro años más. Gracias a la aplastante derrota de sus actuales socios - los socialdemócratas (SPD) -, en el período que empieza podrá gobernar con una coalición conservadora-neoliberal (CDU+FDP).
A propósito de esta situación, el periodista Friedrich Küppersbusch comentó en Radio Uno dos cosas muy interesantes. Primero, que los conservadores y neoliberales están usufructuando de la revolución del 68, encabezada por la izquierda. Sin ésta, hubiera sido impensable que una mujer llegara a canciller o que un homosexual pudiera convertirse en el futuro vicecanciller (Guido Westerwelle, presidente del FDP). Segundo, que el resultado de la elección se trataba de un fenómeno típicamente alemán: votaron a favor de los neoliberales, premiando de ese modo a los causantes de la crisis económica en que el país se encuentra.
Algo similar, aunque un poco más complejo, sucede en Chile. Va más allá de votar por uno de los más exitosos representantes del mundo financiero para que pueda llegar a ser presidente y, de eso modo, premiar a quienes directamente han sido los culpables de la debacle (es curioso que pocos hayan reparado en una paradoja de la campaña de Piñera: él promete crear un millón de nuevos empleos, para dar trabajo a los cesantes que él mismo a contribuido a crear).
Se trata de todo y todos los que están junto a él. De la historia que le antecede. Piñera no representa sólo su éxito financiero y las crisis reiteradas que lo hacen posible. También representa la instalación de un modelo de economía neoliberal, que es el causante de la enorme desigualdad social existente.
Su comparsa es la misma que en plena dictadura liberalizó y mercantilizó la educación chilena, segmentándola socialmente, creando una para ricos y otra para pobres.
Más interesante aún, él representa los sistemas de pensiones (ideado en gran parte por su hermano José) y de seguros de salud, que funcionan lucrando con la vejez y la enfermedad de millones de conciudadanos.
Por último, representa también las violaciones a los derechos humanos y la represión. Puede ser verdad que él votó por el No en el plebiscito de 1988. Puede incluso que lo haya hecho de manera honesta y no guiado únicamente por su oportunista olfato. Sin embargo, él no viene solo. Gobernará con los jóvenes de Chacarillas, con ex ministros y otra serie de colaboradores de la dictadura, cuyo paso por la historia reciente de Chile no ha sido precisamente inocuo.
Por otra parte, y volviendo a la elección alemana, la derrota del SPD no es sólo un premio a los neoliberales. Es también un castigo a los socialdemócratas por haber hecho política neoliberal durante dos períodos de gobierno.
De igual modo, una posible victoria de Piñera no puede ser vista únicamente como un premio a lo que él representa, sino también como un castigo a una Concertación que no ha tenido coraje ni imaginación para hacer una política económica significativamente distinta a la que un neoliberal como Piñera hará.
Curiosa disyuntiva en la que se encuentra el país: deberemos elegir entre dos culpables. De distinta índole, sin duda, pero culpables al fin.

lunes, 5 de octubre de 2009

lunes, 28 de septiembre de 2009

La esperada renovación de la derecha chilena*

Este no es un tema nuevo. Varios lo han tratado y no son pocos los artículos que se han escrito. Pero tengo la convicción que es necesario seguir hablándolo. Quizá esta majadería sea alguna vez escuchada.
Si hay algo que la izquierda chilena comprendió bien o que la violencia de la historia le llevó a comprender, fue que si quería seguir siendo una opción política viable debía renovarse. Entre las muchas dimensiones de ese proceso hay tres particularmente destacables y que explican parte importante del éxito de la actual coalición de gobierno: la izquierda chilena fue capaz de deshacerse del autoritarismo, del populismo y del particularismo.
La izquierda logró dejar de creer que era una vanguardia poseedora de la verdad histórica, con derecho a imponerla. Es decir, abandonó sus pretensiones de hegemonía moral y el uso de la violencia como medio para construir la realidad social.
El populismo, que ha sido sin duda una las más persistentes características de las izquierdas latinoamericanas, en Chile fue reemplazado por un realismo casi desértico, pero que le ha permitido co-gobernar 20 años.
Por último, la izquierda dejó de representar sólo intereses de sectores sociales particulares (en su caso, habitualmente, los obreros, los pobres y los marginados de toda índole), para permearse en toda la sociedad.
En otras palabras, lo que la izquierda chilena logró comprender fue que la práctica política "burguesa" no es sólo una etapa en la búsqueda de otras formas de organización; que no todo se logra desde el Estado y que también el mercado puede tener un rol; que la sociedad no la construye un grupo social, sino que debe ser un proyecto que emane desde las mayorías e incluya a las minorías. Es decir, lo que la izquierda chilena desarrolló fue un profundo sentido democrático (que, curiosamente, ya Allende tenía).
Cuando se produjo su renovación, ésta fue celebrada incluso por la propia derecha. Con justa razón: ésta intuía que de alguna manera era el inicio de su fin y el principio de su mimetización con los valores y lógicas del mercado. La historia ha demostrado que esta intuición no estaba del todo equivocada (hay quienes sostienen incluso que en esta renovación a la izquierda se le pasó la mano y dejó de ser tal). Pero sobre todo fue celebrada por quienes se sienten de izquierda y creen en la democracia, libertaria y con justicia social.
Un proceso de renovación similar no ha sido vivido aún por la derecha chilena post Pinochet. Ésta continúa siendo autoritaria tanto en el sentido valórico como social; baste de ejemplo su oposición a que se pueda disponer libremente de la píldora del día después o su nostalgia por los toques de queda o su solicitud de militarizar la Araucanía. Aún es populista (bonos ofrecidos una vez alcanzada la victoria o el ofertón del millón de empleos) y particularista (o ¿a alguien le cabe duda que ésta sigue representando mayoritariamente los intereses de un sector de la sociedad: el gran empresariado?). Menos aún ha desarrollado un espíritu democrático, de lo contrario habría aceptado hace años modificar el sistema de elección binominal.
Chile se merece una derecha mejor. Pero por desgracia no se ve, al menos en el futuro próximo, que ésta vaya a vivir una renovación similar a la que tuvo la izquierda.


*Algunas de estas ideas están contenidas en un artículo que publicamos con mi amigo Miguel Chávez en Alemania, en el año 2005

lunes, 21 de septiembre de 2009

La pedagogía y el fin de la educación

Hace unos años atrás, camino a Talca, me encontré en un bus con el Vicerrector Académico de un importante colegio católico de Concepción, que habitualmente se ubica entre los veinte primeros en los ránking nacionales.
En medio de la conversación le pregunté cuál era el secreto de ese éxito. Me dijo que eran sólo dos: primero, que en su institución no creían en el trabajo en grupo, sino sólo en el individual. Segundo, me dijo, "a mi colegio no entra ningún pedagogo a hacer sus experimentos".
Lo del trabajo en grupo lo encontré un tanto exagerado, pero acorde con el ideario conservador y casi fundamentalista del colegio. El segundo tema, en cambio, me hizo algo de sentido.
En ese momento no pude evitar acordarme de las muchas discusiones en las que había estado involucrado, analizando diversos aspectos de la educación y, en especial, de la formación de profesores.
Recordé, por ejemplo, la elaboración de currículos de carreras de pedagogía en educación media en que, al menos, el 45% del total de los cursos y créditos estaba dedicado al "saber pedagógico" y lo restante a la especialidad. Es decir, currículos destinados no a formar especialistas en una disciplina, sino destinados a formar especialistas en "enseñar"...algo.
También me acordé de las famosas prácticas pedagógicas progresivas, que fomentan que los alumnos vayan desde el inicio de su carrera a los establecimientos educacionales. Interesante idea, salvo por algunos detalles, como ¿qué puede hacer un estudiante de primer o segundo año de universidad en un colegio, que no sea perder el tiempo? Esto, dado que a esas alturas aún no conoce en detalle su especialidad, ni tampoco las asignaturas pedagógicas. O ¿bastará como justificación la señalada en otra oportunidad por una experta en ciencias de la educación, quien resaltó la importancia de la familiaridad que el estudiante adquiriría con el colegio, que le permitiría, por ejemplo, conocer tempranamente un libro de clases? (Por otro lado, mejor ni hablar sobre la presión que se ejerce sobre los propios colegios como centros de práctica).
Además, me acordé del desplazamiento que estaban sufriendo en los currículos de formación de profesores las "obsoletas" asignaturas de psicología, filosofía, historia y sociología de la educación o a las psicologías del aprendizaje. Éstas eran reemplazadas por ramos más acordes con los tiempos, cuyos nombres eran algo así como "Estimulación de la creatividad y estrategias de aprendizaje", "Escuela, hogar, comunidad y aprendizaje", "El niño y su entorno", "Familia y educación", entre muchas otras.
Finalmente recordé una conversación con un antiguo alumno de Concepción, a quien le conté que se estaba preparando un programa en pedagogía universitaria, para proveer de herramientas pedagógicas a profesores universitarios y darles, además, el grado de magíster a quienes no lo tenían en su disciplina. Luego de escucharme atentamente me dijo con cierta preocupación, "o sea, ustedes le van a dictar un programa para que aprendan a enseñar bien aquello que saben mal".
Tal vez, el Vicerrector no estaba del todo equivocado.

lunes, 14 de septiembre de 2009

lunes, 7 de septiembre de 2009

Vigencia

"Vengo de Chile, un país pequeño pero donde hoy cualquier ciudadano es libre de expresarse como mejor prefiera, de irrestricta tolerancia cultural, religiosa e ideológica, donde la discriminación racial no tiene cabida. Un país con una clase obrera unida en una sola organización sindical, donde el sufragio universal y secreto es el vehículo de definición de un régimen multipartidista, con un Parlamento de actividad ininterrumpida desde su creación hace 160 años, donde los Tribunales de Justicia son independientes del Ejecutivo, en que desde 1833 sólo una vez se ha cambiado la Carta Constitucional, sin que ésta prácticamente jamás dejado de ser aplicada. Un país, donde la vida pública está organizada en instituciones civiles, que cuenta con fuerzas armadas de probada formación profesional y de hondo espíritu democrático. Un país de cerca de diez millones de habitantes que en una generación ha dado dos Premios Nobel de Literatura. Gabriela Mistral y Pablo Neruda, ambos hijos de modestos trabajadores. En mi patria, historia, tierra y hombre se funden en un gran sentimiento nacional.
Pero Chile es también un país cuya economía retrasada ha estado sometida, e inclusive enajenada, a empresas capitalistas extranjeras; ha sido conducido a un endeudamiento externo superior a los cuatro mil millones de dólares, cuyo servicio anual significa más del 30% del valor de sus exportaciones, con una economía estrechamente sensible ante la coyuntura externa, crónicamente estancada e inflacionaria. Así, millones de personas han sido forzadas a vivir en condiciones de explotación y miseria, de cesantía abierta o disfrazada".

"Ante la Tercera UNCTAD tuve la oportunidad de referirme al fenómeno de las corporaciones transnacionales y destaqué el vertiginoso crecimiento de su poder económico, influencia política y acción corruptora. De ahí la alarma con que la opinión mundial debe reaccionar ante semejante realidad. El poderío de estas corporaciones es tan grande, que traspasa todas las fronteras. Sólo las inversiones en el extranjero de las compañías estadounidenses, que alcanzan hoy a 32 mil millones de dólares, crecieron entre 1950 y 1970 a un ritmo de 10% al año, mientras las exportaciones de este país aumentaron sólo a un 5%. Sus utilidades son fabulosas y representan un enorme drenaje de recursos para los países en desarrollo. Sólo en un año, estas empresas retiraron utilidades del Tercer Mundo que significaron transferencias netas en favor de ellas de 1.723 millones de dólares: 1.013 millones de América Latina, 280 de África, 366 del Lejano Oriente y 64 del Medio Oriente. Su influencia y su ámbito de acción están trastocando las prácticas tradicionales del comercio entre los Estados de transferencia tecnológica, de transmisión de recursos entre las naciones y las relaciones laborales. Estamos ante un verdadero conflicto frontal entre las grandes corporaciones transnacionales y los Estados. Estos aparecen interferidos en sus decisiones fundamentales -políticas, económicas y militares- por organizaciones globales que no dependen de ningún estado y que en la suma de sus actividades no responden ni están fiscalizadas por ningún Parlamento, por ninguna institución representativa del interés colectivo.
En una palabra, es toda la estructura política del mundo la que está siendo socavada. “Los mercaderes no tienen patria. El lugar donde actúan no constituye un vínculo. Sólo les interesa la ganancia’’. Esta frase no es mía; es de Jefferson.
Pero, las grandes empresas transnacionales no sólo atentan contra los intereses genuinos de los países en desarrollo, sino que su acción avasalladora e incontrolada se da también en los países industrializados, donde se asientan. Ello ha sido denunciado en los últimos tiempos en Europa y Estados Unidos, lo que ha originado una investigación en el propio Senado norteamericano. Ante este peligro, los pueblos desarrollados no están más seguros que los subdesarrollados".

Extracto del Discurso del Presidente Salvador Allende ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Nueva York, 4 de diciembre de 1972.

lunes, 31 de agosto de 2009

Un mal augurio

Al igual que la de muchas naciones, la historia de Chile no se puede comprender cabalmente si no se analiza la figura de sus intelectuales. Ellos han sido parte fundamental de la construcción de las ideas de país y de sociedad.
Pienso, en particular, no en los intelectuales dedicados al cultivo de las ciencias y artes que restringen su producción de conocimiento a una especialidad, sino en aquellos que, además, hicieron un aporte significativo al debate público. Aquellos que ofrecieron interpretaciones críticas de lo establecido y entendido como natural; que se plantaron con dureza frente a la injusticia, la desigualdad social, y todo tipo de abusos y exclusiones.
Salvo por algunas notables y cada vez más escasas excepciones, se podría afirmar que este tipo de intelectual es hoy en Chile una especie en extinción.
Dos son a mi juicio los elementos principales que ayudan a explicar su cuasi desaparición. Por una parte está el descrédito en que ha caído su figura, producto de la majadera y nada accidental insistencia en vincularlo a la "extrema politización" que vivió la sociedad chilena en las décadas de 1960 y 1970. Esto ha llevado a que toda actividad que trascienda los estrictos límites de la práctica profesional sea mirada con sospecha. La vida intelectual, así reza la consigna vigente, no debe permearse por ideas políticas. Debe tener la misma asepsia que a muchos les gusta predicarle a los gremios y sindicatos.
Por otra parte está la precarización de las condiciones laborales que se ha producido en las que otrora fueran el principal espacio de intelectualidad crítica: las universidades. Contratos a plazo fijo o por hora han reemplazado a las estables condiciones laborales que hacían posible pensar y cultivar la disidencia. Hoy es necesario ajustarse a las normas impuestas por los empleadores o empresarios de la educación superior, no siempre tan imbuidos ni convencidos de las bondades del pluralismo y la libertad intelectual.
Por último, no cabe duda que también debe haber en esto algo de comodidad o pereza. Muchos antiguos intelectuales han cambiado la crítica social por el remilgo cotidiano, la inseguridad de la calle por la tranquilidad de la oficina, y la sinceridad y brillantez del podio por la opacidad del escritorio. En otras palabras, la queja privada a sustiuido a la crítica pública.
A estas alturas alguien podría preguntarse ¿por qué es deseable tener este tipo de intelectuales? La respuesta no es sencilla, ni tampoco una. Se podría decir preliminarmente que su perspectiva crítica nos ofrece interpretaciones de nuestra realidad social, que van más allá de lo que nuestros apremios cotidianos nos permiten ver.
Por desgracia, esta necesidad de plantearse críticamente no se ha reducido a la misma velocidad que lo han hecho ellos. Al contrario.
El silencio de los intelectuales no sólo es preocupante, es también un síntoma de los tiempos que corren. Peor aún, es un augurio de lo que puede estar por venir.

lunes, 24 de agosto de 2009

Pelchuquín

Pelchuquín es uno de los cientos de pueblos anónimos de este país.
Para ser más preciso: tiene el estatus de villa. Si los inútiles del INE tuvieran una página web que funcionara, podría especificar con mayor precisión su número de habitantes. Pero estimo que deben ser unos mil o mil quinientos, contando las dos poblaciones nuevas.
Se ubica a 32 kilómetros al norte de Valdivia y 11 al sur de San José de la Mariquina. Al lado del aeropuerto Pichoy.
Su fundación data de 1777 y se realizó mediante decreto de Agustín de Jáuregui. En la actualidad se ubica cerca de los terrenos que originalmente ocupó la misión de Guaneuhue, que con los años devino Gañihue y ahora se conoce como Nanihue. Luego de ser incendiada por la montonera de Pincheira en 1822, se edificó donde se ubica hoy.
Pelchuquín tiene dos escuelas. Una católica, llamada "la misional", y otra pública: "la fiscal". Tiene, también, un club de fútbol ("Juventud de Pelchuquín"), una iglesia católica, otra evangélica, un molino de chicha, una panadería, una cancha de fútbol, un taller y un cuerpo de bomberos.
No tiene Municipalidad (pertenece a la comuna de Mariquina), carabineros, ni ningún otro tipo de repartición pública, salvo la posta.
Lo que más caracteriza al pueblo, sin contar su plaza triangular, es "el Cristo", ubicado a 1 km. de distancia, en la carretera que une Valdivia con San José (cuya denominación técnica es T-205).
Como probablemente todas las ciudades de Chile, se divide en un grupo de agricultores e industriales, llamados coloquialmente "los ricos", algunos comerciantes, entre los que se encuentran mis tías, y muchos obreros. Un número importante de "los ricos" descienden de los alemanes que se hicieron de la zona, los obreros de los indígenas y los comerciantes son mezclas de ambos grupos y de otros.
Abundan los apellidos como Llancamán, Huechante, Rapimán y muchos más de noble linaje, pero la política le dedicó la mitad de todo a un tal Arnoldo Bilbao; calles y escuela incluida.
Pelchuquín es sus habitantes. Algunos de ellos ya fallecidos pero siempre presentes, como don Lito, Tulo, Manque y su señora la Elva, don Polo, Pérez, la Callalla, Corvi, la Tía Tolla, la Mami Chichi, Gato, la Paula y otros. Entre los que hoy forman parte del paisaje cotidiano están Carlitos Silva, Cheo, Vitoco, Mañuco, Choche Catalán, la señorita Marina, Lucho guapo y sus perros, don Valey, la señora Lucha, Beito, Enrique Pollo, la señora Berta, Carlos Aliante, la señora Jova. Y, por supuesto, el inmortal Mino.
Si se pudiera convencer a quien todos los años hace el calendario del Comité del Agua Potable Rural, de poner una foto de la villa (en lugar de Iquique, Los Lagos, Rio Bueno, o cualquier otro lugar de Chile) tal vez podría ser un poco más conocida.
Como sea, Pelchuquín es un pueblo magnífico. Reúne en un espacio minúsculo lo mejor y lo peor de la historia de este país. Y como aún es pequeño y sensato, hasta quienes ocasionalmente delinquen, sean ricos o pobres, tienen nombre y apellido.
¡Ah! Un dato por si quieren visitarlo: Pelchuquín no sale en los mapas.

lunes, 17 de agosto de 2009

Nada nuevo bajo el sol

El miércoles 12 de agosto la Cámara de Diputados rechazó el proyecto de ley que impedía la reelección indefinida de diputados y senadores. Se proponía limitarla a dos períodos para los primeros y a uno para los segundos. O sea, a 12 y 16 años de trabajo continuo, respectivamente.
El proyecto obtuvo 70 de los 72 votos que necesitaba para ser aprobado.
Aunque esta situación provocó mucho revuelo, no hay nada nuevo bajo el sol. Tiene que ver la profunda vocación antidemocrática de la derecha chilena post Pinochet, que desde la caída de la dictadura ha bloqueado cualquier intento de reformar el sistema político.
Dos eran los argumentos para fundamentar su negativa: no limitar la soberanía popular (que, en una de esas, puede querer reelegir de por vida a alguien) y no fomentar la flojera (pensando en que los parlamentarios que no puedan ser reelectos ya no trabajarán con tanto empeño).
Más interesantes fueron, sin embargo, las lecturas que la misma derecha hizo del resultado. Rodrigo Álvarez, presidente de la Cámara de Diputados y militante UDI, señaló que la votación "fue bastante transversal", porque hubo parlamentarios de todos los sectores en las distintas posiciones.
Los votos en contra fueron 12 de la UDI, 4 de RN, 2 DC y 1 Radical. Es decir, de los 19 votos en contra, 16 fueron de la derecha. Además, de las 11 abstenciones, 8 fueron del mismo sector. ¿Qué tiene eso de transversal?
Mucho más espectacular fue el argumento de Claudio Alvarado (UDI): "Si este proyecto se perdió es por responsabilidad de la Concertación, que hizo esfuerzos para que se aprobara y no estuvieron los votos". Como si fuera ésta la que votó en contra.
La oposición de la derecha a profundizar la democracia chilena no es algo nuevo. Baste recordar el argumento usado por el experto electoral UDI, Andrés Tagle, para fundamentar porque se debía rechazar la inscripción obligatoria y el voto voluntario: la ampliación del padrón electoral hacia jóvenes entre 18 y 24 años (que son quienes mayoritariamente no están inscritos) podría aumentar la votación de la centro-izquierda, ya que los jóvenes tienden a votar por esa opción.
Una suerte similar corrió el voto de los chilenos en el extranjero. Aunque la derecha sabe que los actuales migrantes se van buscando mejores horizontes, pareciera ser que el fantasma de los exiliados que votarán contra quienes los exiliaron aún les pena.
Si estas reformas son difíciles, modificar el sistema de elección binominal es imposible. Éste no será cambiado precisamente porque opera como la base antidemocrática que le permite a la derecha mantenerse en el poder. Gracias a él pueden apropiarse de alrededor del 50% del parlamento, aún cuando no tengan esa cantidad de votos, a costa de otros partidos más pequeños. Así pueden impedir la aprobación de todas las leyes que requieran un quórum alto.
Sin duda, el binominal es el legado político más importante que Pinochet dejó a la derecha.
Un ejemplo: el resultado de las elecciones senatoriales desde la recuperación de la democracia.

No hay que sorprenderse por lo sucedido el miércoles pasado. Es la derecha, comportándose como siempre. Por lo demás, conviene no olvidar que ella ha demostrado suficientemente que puede ser, incluso, mucho menos democrática que esto.

lunes, 10 de agosto de 2009

La seducción de lo banal

No es fácil definir la posición política del joven candidato presidencial Marco Enríquez Ominami.
¿Es de izquierda o de derecha? ¿rompió con los cánones tradicionales y está más allá de esas distinciones? ¿es una transcandidato? ¿representa el arribo el populismo, frente a la administración patéticamente ajustada al "desierto de lo real" que han llevado a cabo la Concertación y la Alianza?
Tampoco es fácil determinar el origen de su éxito, ¿se debe a su juventud? ¿a su herencia de izquierda? ¿a su liberalismo económico? ¿a su capacidad mediática? ¿a su discurso contra la política?
O ¿basta con suponer que su adhesión se debe al apoyo tácito que le han dado la derecha y sus medios a su candidatura? Si así fuera, sería ésta, además, una arriesgada apuesta, ya que no está claro que Enríquez le gane en primera vuelta a Frei, como tampoco lo está que sus votos no se vayan después a la Concertación. Más interesante aún: en el caso que Enríquez pase a segunda vuelta, no se sabe cuántos votos concertacionistas se van a ir con Piñera, a fin de asegurar la institucionalidad política, que Enríquez no garantiza.
Pero sigamos con las preguntas: ¿cómo es posible que los actores más importantes tras su campaña sean simultáneamente Rodrigo Danús, empresario de la farándula televisiva chilena; Paul Fontaine, un reconocido economista de derecha; y el actual empresario Max Marambio, ex GAP de Allende y el último refugiado de la embajada cubana después del golpe? ¿qué puede unir a tan disímiles personajes?
¿Cómo se llegó a la construcción de esta candidatura? ¿qué ha pasado, más allá de los desaciertos de la Concertación y la Alianza?
Creo que en un escenario de candidatos sin carisma y sin grandes proyectos, Enríquez se abre paso yendo aún más allá: simplificando la política, rebajándola a un conjunto es eslogans con escaso sentido y reduciéndola a la obviedad.
Algunos botones de muestra:
"Esta candidatura no tiene ningún afán privatizador y el que privatizó las sanitarias fue otro candidato (...) no es lo mismo una empresa estatal que una empresa pública, eso es lo que no aceptamos, ya que Codelco hoy se encuentra secuestrada por dirigentes de partidos políticos y lo que nosotros queremos es cumplir con el sueño de Allende, de que el cobre sea para todos los chilenos".
"Yo creo que hoy la política está fallando, por lo tanto es necesario reformular la política y nosotros creemos en el semipresidencialismo y el federalismo atenuado. Eso es básico para implementar otras medidas de largo plazo que tiendan a la equidad".
"Soy el único candidato que se ha manifestado categóricamente en contra de Hidroaysén, y salvo que la empresa me demuestre lo contrario respecto a los negativos efectos de su proyecto, recién ahí pensaría en cambiar mi posición".
"Acá va a venir cualquier candidato ajustando sus discursos y flexibilizándolo según las zonas, por eso nosotros apuntamos a esta reforma para que se garantice de forma permanente que no vengan más políticos a hacer campañas con promesas para gobernar con explicaciones".
Creo que lo realmente atractivo de Marco Enríquez no es su complejidad, sino su superficialidad. De ahí que no importe ser de derecha o de izquierda, sino saber decir lo que el auditorio quiere escuchar y de tal manera que cautive.
Marco Enríquez no representa, a mi juicio, una política rupturista que vaya más allá de la actual dualidad entre Concertación y Alianza. Es mucho menos que eso: representa la peligrosa seducción de lo banal.

lunes, 3 de agosto de 2009

Nosotros asumimos el riesgo*

Aunque a primera vista no lo parezca, ésta es una frase sorprendente.
La usan con frecuencia los inversionistas (del nivel que sea) para justificar sus solicitudes de exención de impuestos, subvenciones, bajos salarios y otras circunstancias poco felices.
Con ello quieren decir que hay que ser cuidadosos y generosos con quienes poseen el capital. Éste es escaso y su disponibilidad depende de la voluntad de quienes lo tienen. Por lo mismo, hay que minimizar el riesgo que significa invertirlo en algún tipo de "emprendimiento", cuyo futuro por definición es incierto.
La frase es sorprendente por varias razones, pero la más interesante es su capacidad de invisibilizar otras situaciones de riesgo, que no tienen que ver con la inversión de capital.
¿Alguien ha visitado una oficina salitrera abandonada en el norte de Chile? o ¿una mina de carbón en Lota o Coronel? o ¿conoce las condiciones en que trabajan los obreros salmoneros, de la construcción, los fabricantes de pintura o los temporeros de la fruta?
Ellos están expuestos a dos tipos de riesgos cotidianos sistemáticos, pero que escasamente son conceptualizados como tales. Primero, dado el régimen de "flexibilidad" laboral vigente (que siempre parece poca) un grupo no menor tiene sólo contratos a plazo fijo o con boletas de honorarios. Esta precariedad representa el primer riesgo: quedar en cualquier momento sin medios para mantenerse y, obviamente, con escasas posibilidades de atención de salud y ninguna de recibir una pensión.
En segundo lugar, por las condiciones en que se realizan muchos trabajos. Además de las largas y extenuantes jornadas, en ocasiones hay una importante exposición a riesgos físicos concretos, como encierro, altas temperaturas, químicos como diluyentes, pesticidas, etc. En ese último caso, no se trata sólo de los obreros que mueren o se invalidan en accidentes, sino de todas aquellos aspectos no controlados que los exponen a consecuencias médicas de largo plazo, a ellos y sus descendientes.
Este tipo de cosas son las que esa frase invisibiliza, al poner el riesgo sólo en el lado de la inversión del capital.
Nuevamente: esto no significa desconocer que el inversionista corre un riesgo, sino destacar que también el obrero lo corre. Además, mientras uno arriesga el capital, el otro arriesga la salud e incluso la vida. Y a no ser que esté demasiado errado, esto último es más grave.
Sólo para efectos ilustrativos: de acuerdo a informaciones oficiales de la Superintendencia de Quiebras, entre los años 2007 y 2008 hubo 300 quiebras. Éstas afectaron, sin embargo, a 5.276 trabajadores. En el mismo período hubo 164 accidentes laborales fatales y 1.363 accidentes laborales graves (www.sigweb.cl).
Aquí hace sentido plantar nuevamente la pregunta inicial: ¿quién asume el riesgo? o, dicho que otra forma, ¿cuál riesgo es social y humanamente más importante?
Por último, ¿por qué no pedimos con la misma fuerza que se hace para cuidar el capital, más protección laboral y física para los obreros?

* Esta idea es de mi querido amigo Gero Lenhardt, quien me la dijo luego de ver una salitrera abandonada en el norte chileno.

lunes, 27 de julio de 2009

Conversemos de educación I

El debate sobre educación en el Chile de hoy tiene algo de cínico, otro tanto de ingenuo y mucho de ridículo. Con la pretensión hablar de manera "objetiva", neutra y sin ideología, se aborda desde la que ha demostrado ser la más eficiente del último tiempo: la ideología neoliberal.
Para constatarlo basta con poner algo de atención al lenguaje utilizado. Desde hace años, muchos ya no hablan de establecimiento educativo, sino de "proveedor". Del mismo modo que se hace de los proveedores de papas, combustible, martillos, estiércol para abonar praderas o cualquier otro tipo de producto o servicio.
Dependiendo de la propiedad y el origen del capital, se distingue entre proveedores públicos, particular-subvencionados y privados.
Algo similar sucede con el tema de la calidad de la educación. Para asegurarla, dicen los expertos, basta con discernir adecuadamente si la "subvención" debe ir a la "oferta" o a la "demanda". Es decir, si se debe dar plata al establecimiento o al joven, para que éste decida dónde estudiar.
¿Bastará con ello para asegurar su calidad? ¿acaso es lo mismo que fijar una banda del trigo para evitar que suba el precio del pan o dar bonos para comprar parafina?
Aún más elemental ¿se puede hablar en el ámbito de la educación de "oferta y demanda", sin provocar un cambio en la forma de concebirla y en el rol que las sociedades le han asignado tradicionalmente?
Cuando se usa este lenguaje no se está hablando, como se pretende, desde una postura "objetiva", neutra y desideologizada, sino desde otra ideología que ha tenido una victoria aplastante.
Usándolo nos hemos ido convenciendo que el ámbito educativo puede ser tratado como un rubro económico más, compuesto por proveedores que venden un servicio. En otras palabras, nos hemos convencido que también éste puede funcionar como un "mercado" que se autorregule.
Entonces, ¿por qué sorprendernos por el lucro? ¿o alguien puede imaginarse un mercado sin lucro? o ¿por qué extrañarse que el Estado chileno no pueda consignar en la ley general de educación que tendrá un preocupación "preferente" por la educación pública? ¿no es acaso rol del Estado velar porque todos los "proveedores" estén en igualdad de condiciones para "competir" y no producir "discriminaciones odiosas", que privilegien a unos (la educación pública) y perjudiquen a otros (la educación privada)?
Lo más espectacular es que no sólo se usa este lenguaje, sino que se reivindica el monopolio de la interpretación y construcción de sentido. Si alguien quiere usar otro, inmediatamente se le acusa de ser ideologizado y estar fuera de los tiempos.
Con esta forma de hablar y esta lógica se le ha ido escamoteando a la sociedad y al Estado chileno el derecho a decidir cómo quieren organizar su educación, con el argumento que ella debe ser dejada a la "mano invisible" del mercado.
Lo más lamentable, sin embargo, es otra cosa: en cualquier mercado el acceso a los productos y a sus distintas calidades está determinado por el poder adquisitivo de cada uno.
¿Qué hay de raro, entonces, en que los pobres sean nuevamente los más perjudicados? o ¿podría, en este contexto, ser de otra manera?

lunes, 20 de julio de 2009

Sobre Isapres, AFP's y otros demonios II

En la edad media, reyes y príncipes acostumbraban a entregar privilegios a algunos de sus súbditos. Esto era: eximirlos de obligaciones que ellos mismos habían impuesto a todos en forma de ley o concederles el derecho de uso temporal de algún bien considerado propiedad real.
Como la entrega de un privilegio era una decisión arbitraria también su revocación podía serlo. Entre los más conocidos estaban los dados a la nobleza (que era liberada de pagar impuestos o cobraba peajes en caminos y ríos), a algunos gremios de artesanos (que no pagaban impuestos por sus productos o su venta), a las ciudades (que gozaban de autoadministración y libertad para sus habitantes) o a las universidades (que podían administrar justicia internamente).
Un privilegio implicaba dos cosas. Por una parte, una concesión. Por otra, una obligación. Los reyes y príncipes siempre exigían algo a cambio. Para seguir con el ejemplo: a la nobleza obediencia militar, a los gremios parte de su producción, a las ciudades impuestos y a las universidades formar especialistas para su aparato administrativo.
Éste es el principio que heredó el Estado moderno para realizar concesiones a privados de bienes o derechos que tradicionalmente han sido entendidos como públicos. Con una diferencia fundamental: en las democracias la concesión y revocación del privilegio se hace por ley, no en forma arbitraria.
Las AFP's pueden ser entendidas como entes privados a los que el Estado entregó un privilegio: administrar los dineros de los ciudadanos, obligados por ley a cotizar. ¿Cuál es el privilegio?: privados podrían, a partir del derecho de uso de capital ajeno, generar capital propio y repartir utilidades.
Hasta aquí todo bien, sin embargo, los reyes o príncipes siempre exigían algo a cambio, para ellos o sus súbditos. En este caso no: se otorgó el privilegio de administrar dinero ajeno contra ninguna obligación de una rentabilidad mínima o de distribución de utilidades por sobre esa rentabilidad mínima.
No está demás recordar que quienes lo entregaron estaban muy conscientes del riesgo del experimento y se eximieron de la obligación de cotizar en las AFP's. Las pensiones militares seguirían teniendo el sólido respaldo del "infame" Estado.
Resumiendo: sería justo para los ciudadanos que quien tiene el privilegio garantice una rentabilidad mínima a todo evento. De lo contrario debería haber libertad para trasladar los ahorros a los bancos. Además, se debería exigir una repartición progresiva de utilidades. Es decir: si a los dueños de las AFP's les va mejor de lo esperado, deberían también entregar una proporción mayor a los cotizantes. Esto no significa desconocer su talento, sino ponerlo en su justa dimensión: están administrando dinero ajeno con riesgo cero.
Un detalle final. Este privilegio fue otorgado como en la edad media: monárquicamente, no en condiciones democráticas.
¿No será tiempo de preguntar a la ciudadanía acerca de la pertinencia de este privilegio? o ¿será mucho pedir que las AFP's se hagan verdaderamente responsables de las pensiones de todos los chilenos y chilenas?

lunes, 13 de julio de 2009

¿El único Chile posible?


"Nana" captada este verano en el balneario de Zapallar

Foto publicada en la edición del jueves 12 de marzo de 2009 en el diario The Clinic (p. 20)

lunes, 6 de julio de 2009

Reflexiones de un resentido

En su edición del 30 de junio, la revista Ya de El Mercurio publicó un reportaje a la joven candidata independiente a senadora (por un cupo UDI en la IX Región), Ena von Baer.
Cuenta ella misma, que el hecho que determinó su vocación por el servicio público fue haber estado un año en una escuela de Cajón, donde aprendió que "...había niños viviendo en el campo del lado sin ningún tipo de privilegio, niños de mi edad que no conocían nada salvo la naturaleza y el frío...".
Conmovedora confesión. Debe ser duro conocer la pobreza a los 8 años cuando se ha nacido en una cuna llena de riqueza. No en vano la mencionada revista dedicó un par de páginas a resaltar su sensibilidad social.
Me preguntaba ¿qué pasaría si por una vez la historia fuera la inversa? No la de alguien de clase alta que hace una estadía entre los pobres, sino la de un pobre que hace una estadía entre los ricos. ¿Qué reconocimiento tendría una historia como esa?
Me imaginaba a un niño pobre viviendo rodeado de hijos de agricultores, industriales y exitosos profesionales, cuya preocupación principal era ir el fin de semana al centro de esquí de Antillanca o a su isla en el Lago Ranco. Escuchando a padres hablar sobre el excesivo número de ciervos de la isla o sobre los caballos que llevarían al campeonato de rodeo.
Un niño que frecuentara espacios donde la reflexión política se enfrentara con preguntas como ¿por qué el voto de un cholo tiene que valer lo mismo que el del propietario, si claramente ambos no valen lo mismo? Donde se ofrecía a los obreros comprarles el objeto de línea blanca que quisieran o instalarles un calefón si ganaba el "sí" en el plebiscito de 1988. O se escuchaba a los patrones acusar a sus obreros de indios desleales por recurrir a la Inspección del Trabajo para intentar hacer valer algún mínimo derecho.
Por favor no se vaya a pensar que éstas son las únicas dimensiones de la riqueza. Estos son sólo ejemplos que, al igual que los usados por Ena von Baer, pueden "marcar tanto" a alguien como para cambiarle su visión de las cosas.
Una visita a la riqueza, entonces, también puede marcar. Así como la candidata comprendió las dificultades de ser mapuche en un país que no les deja un espacio para que "hoy jueguen palín", otros comprendimos lo contrario: que ese será el único espacio que una sociedad como ésta les dejará.
También comprendimos que los más pobres no necesitan la caridad o conmiseración ocasional de quienes tienen más. Requieren la solidaridad estructural de toda una sociedad que los siente y vive como iguales, no como a inferiores materiales y morales. Para no ser rebuscados con el ejemplo: como sucede en Alemania (el país donde la candidata hizo su doctorado).
Para ello se necesitan políticas estructurales y la convicción de que éstas son necesarias y posibles. En otras palabras, no basta con "ayudar" a los más pobres, también hay que "educar" a los más ricos.
Con Ena tenemos algo en común: la experiencia que tuvimos nos marcó. Por su origen, ella será recordada como una persona con gran sensibilidad social. Yo, por mi parte, seguramente pasaré a engrosar las filas de los malagradecidos. O peor aún, de los resentidos.

domingo, 28 de junio de 2009

La progresista y progresiva simpatía del candidato Frei

Más allá de las fantasías que despiertan las encuestas creíbles (a juicio de los entendidos: CEP y CERC) y de las sospechas de las no creíbles (demasiadas para enumerarlas), hay un hecho indiscutible: mientras Piñera no logra despegar y dejar definitivamente atrás a su contrincante, Frei ha crecido de manera pausada pero sistemática en la intención de voto. Al punto de alcanzar al candidato de la alianza, a seis alarmantes meses de la elección.
¿Qué pasó? ¿Cómo es posible que un candidato tan poco atractivo, que hasta hace algunos meses era apenas un dígito en el imaginario político, haya desarrollado ese ritmo ascendente que amenaza con arruinar una vez más el sueño presidencial de la derecha? Las hipótesis son muchas (entre ellas también la poco carismática y creíble figura de Piñera) y podrían copar varias páginas de este blog.
Me parece que la situación de Frei puede ser comparada con lo sucedido en Alemania a los DC Edmund Stoiber y Angela Merkel, actual canciller alemana. Stoiber perdió la elección ante el candidato socialdemócrata Gerhard Schröder en el 2002, lo que permitió a éste renovar su mandato. Pero en el 2005 Schröder fue desbancado por Merkel. Por escasos votos, pero los suficientes para encabezar la actual coalición.
¿Por qué es una situación comparable? Porque después de dos períodos de gobierno socialdemócrata y verde los ciudadanos alemanes se cansaron de las reformas neoliberales (para estándares europeos, se entiende). Los miembros de la DC llegaron a un punto en que su ideología humanista-cristiana no les permitía ir más allá y aparecieron abogando por derechos que otrora eran propiedad de la izquierda: protección de los trabajadores, de la familia, salarios dignos, trabajo estable, etc.
En otras palabras, lo conservadores comenzaron a ganar adherentes frente al liberalismo desencantador de la centro-izquierda. Así, los antipáticos se convirtieron en simpáticos y sus reformas, que buscaban mejorar la recientemente debilitada protección social, se hicieron atractivas. No bastó para Stoiber, pero sí para Merkel.
Algo similar ocurre en Chile. Luego de dos gobiernos de izquierda (si no fuera por la ayuda social que han dado al 20% más pobre de la población casi no se podría decir que han sido tales) y ante un Piñera que ofrece soluciones por la vía del mercado, la opción de Frei comienza a aparecer simpática.
No es que no nos importe la corrupción, la delincuencia o el crecimiento económico, que es el clásico discurso de los últimos años de la derecha chilena. Importa. Pero menos que el padecimiento diario que provoca la carencia de un Estado que asuma las responsabilidades que individualmente no podemos asumir y el mercado no puede regular: educación digna, atención de salud de calidad e igualitaria, y así suma y sigue.
Si la hipótesis es acertada, Frei va por el camino correcto, al menos para aumentar su simpatía entre quienes se sienten más desamparados frente a un mercado que, teniendo ventajas, también precariza la vida cotidiana y que la posible victoria de Piñera amenaza con acentuar.
¿O no será ésta una diferencia real entre Frei y Piñera?

lunes, 22 de junio de 2009

¿Lucrar o no lucrar?

Esta pregunta, que históricamente ha devanado los sesos de economistas y políticos, en Chile fue resuelta sin mayor duda: todas las actividades humanas son susceptibles de lucro.
No importa del ámbito del quehacer social que se trate, con algo de ingenio y "emprendimiento" es posible obtener ganancias. Del mismo modo que se hace con una fábrica de ollas, tornillos o servicios de distinta especie, es posible, entonces, hacerlo con la salud, las pensiones, la educación o el transporte público.
¿Cuál podría ser la diferencia entre vender una olla y atender a un enfermo? o ¿entre producir un tornillo y enseñar a leer? ¿No es acaso posible en ambas situaciones generar un margen de ganancia para los accionistas o dueños de la empresa? Por otra parte, si se está dispuesto a pagar por una olla con mayor razón se debería estarlo para sanarse o educarse.
Es posible que alguien considere que es exagerado hacer esta comparación. Pero ¿por qué debería serlo si en ambos casos es posible lucrar?
No se trata, sin embargo, de demonizar o negar el lucro, todo lo contrario: éste es un importante motor de iniciativa que impulsa la construcción de riqueza y bienestar.
De lo que se trata es de definir los ámbitos de la vida en que éste es social y éticamente deseable, útil o aceptable.
Es recién en ese punto de inflexión cuando surge la diferencia entre una olla y la salud.
Matemáticamente se podría expresar de la siguiente manera: si un servicio o producto se vende a 10, pero se hace con 7 a fin que los accionistas o dueños ganen 3, significa dos cosas: a) que el servicio o producto no costaba 10 sino 7, y b) que pagando 10 se le podrían agregar otros beneficios adicionales con los 3 restantes.
Esto, que en el caso de la olla es irrelevante, no lo es cuando alguien está enfermo, debe jubilar, quiere estudiar o debe desplazarse en la ciudad para ir a trabajar. En otras palabras: ¿por qué cobrarle a alguien que está enfermo 10, si sanarle vale 7? ¿es ello ético? Peor aún: ¿qué sucede si no tiene los 3 de diferencia? o ¿por qué cobrar 10 por una enseñanza que vale 7? ¿no sería mejor para todos darle una educación por el valor total que paga?
En Chile se ha logrado instalar socialmente la idea de que todos los ámbitos de la actividad humana son susceptibles de un manejo económico con fines de lucro. Ello tiene varias implicancias en la forma de pensarnos a nosotros mismos. Producto de esto nos estamos convenciendo: a) que es posible rentabilizar todas las actividades humanas, b) que, en el extremo, es posible privatizarlas todas, y c) que no resulta razonable que el Estado decida gastar parte de los impuestos en actividades no rentables y cuyo mayor valor es su sentido de bien público.
La peor consecuencia es, sin embargo, otra: es hacernos creer que todas las actividades y circunstancias humanas están al mismo nivel. En el ejemplo inicial: que es lo mismo producir una olla que sanar, asegurar la vejez, educar o movilizar a alguien a su trabajo.

lunes, 15 de junio de 2009

El Ineficiente Estado

Una de las convicciones que se ha instalado en Chile es que el Estado es ineficiente. En el argot político de la contingencia: un mal administrador.
Cuando se dice esto se hace tácita o explícitamente en comparación a las empresas privadas que, al parecer, por definición son lo contrario. Al menos dos preguntas surgen de inmediato: ¿Es verdad que las empresas privadas son tan eficientes como se dice? y ¿Cuál es el objetivo y sentido de esa supuesta eficiencia?
La primera pregunta se puede tratar desde la lógica: si las empresas privadas fueran tan eficientes no quebrarían. Esto significa que sí existe un volumen nada despreciable de empresas no eficientes (basta con leer los diarios para enterarnos lo que está pasando hoy con las grandes automotrices o con los volúmenes de capital que las AFP's han evaporizado en su "eficiente" gestión de los últimos años).
Ante esta afirmación los defensores del mercado -también desde la lógica- responden que precisamente de eso se trata: que las empresas ineficientes quiebren a fin de que sólo sobrevivan las eficientes. Esto puede ser verdad, pero no elimina el hecho de que todos los días surgen empresas privadas cuya ineficiencia las llevará a la quiebra.
Por lo demás, es evidente que no podemos permitirnos lo mismo con el Estado, porque no se trata de tener dos o tres dentro de una nación para que sobreviva el más eficiente.
La segunda pregunta: ¿Cuál es el objetivo y sentido de tanta eficiencia? Por ejemplo, cuando una empresa tiene centenas de razones sociales para que los trabajadores no formen sindicatos o no generen antigüedad laboral y así no tener que pagar indemnizaciones en caso de despidos. O cuando se precariza el trabajo al punto que ya no se tiene trabajadores propios sino sólo contratistas pagados -como se decía antes- a trato (trabajo hecho, trabajo pagado).
¿Es efectivo que ello contribuye a reducir costos que después se traspasan a los usuarios? ¿Cuáles deben ser los límites de esta búsqueda sin fin de la eficiencia? ¿No llegará el momento en que ésta comience a atentar contra los lazos de solidaridad social? ¿A la construcción de qué tipo de sociedad contribuye?
Pero no es la empresa privada el tema, sino el Estado ineficiente y mal administrador. En este punto aparecen otras sospechas: hablar así del Estado tiene serias consecuencias en la forma de concebirlo y de concebir su relación con la sociedad. Primero, se reducen sus posibles campos de acción al sembrar de antemano la certeza de una futura ineficiencia. Segundo, se le relega al rol de un mero proveedor de recursos (técnicamente llamado rol subsidiario) para que privados realicen la actividad requerida, ya que por definición lo harán mejor.
¿No será posible pensar esto de otra manera y pensar que es posible transformar al Estado en un mejor administrador?
¿No será que con la convicción de que el Estado es ineficiente, nos estamos también convenciendo de que el Estado no debe administrar nada?

lunes, 8 de junio de 2009

Sobre Isapres, AFP's y otros demonios I

"Sistema de Capitalización individual" llaman los expertos en Isapres y AFP's al hecho de que cada quien cotiza de acuerdo a lo que gana y, a cambio, recibe lo que alcanza a pagar o ahorrar.
Esto que nos parece tan obvio y sencillo tiene importantes implicancias no sólo en la desigual calidad de la atención de salud o rentas recibidas, sino también en la forma en que nosotros comprendemos la sociedad y, en definitiva, a nosotros mismos.
No está demás recordar que este sistema también contribuye a consolidar la enorme desigualdad social que existe en Chile.
Muchos de los sistemas de salud y pensiones del mundo funcionan sobre dos principios solidarios muy elementales: i) quienes tienen más contribuyen a financiar una atención de salud digna de quienes tienen menos, y ii) las generaciones más jóvenes contribuyen a financiar pensiones dignas a las generaciones mayores. Solidaridad social y generacional.
Estos principios básicos de solidaridad permiten que los miembros de esas sociedades tiendan a sentirse como iguales o, al menos, como corresponsables del buen funcionamiento del todo y no sólo de sí mismos y sus más cercanos.
Visto así, el "sistema de capitalización individual" no es, como se piensa, una posibilidad más de acceder a salud y pensiones. Es también una forma de instalar en el centro de la sociedad mecanismos estructurales de segmentación social, a partir de las necesidades más elementales de los seres humanos.
Además, en los momentos de la existencia en que probablemente más se necesita una solidaridad social sólida y estable: en la enfermedad y en la vejez. Sobre todo si se es pobre.
Para cambiar el "modelo de capitalización individual" de Isapres y AFP's no basta con introducir un "pilar solidario". Requiere mucho más que apuntar a que los más pobres tengan acceso a una cama en alguna posta de salud o a una pensión mínima.
Cambiar el modelo significa transformar la manera de pensarnos y dejar de creer que para estar seguro en la enfermedad y en la vejez basta con que a uno le vaya bien. Es empezar a entender que para tener esa seguridad, es importante que también el vecino la tenga. Y que si en algún momento de la vida a alguien le va mal, tendrá de respaldo no la caridad circunstancial, sino la solidaridad permanente del resto de la sociedad.
En el fondo, es empezar a pensar cómo hacernos socialmente responsables de nuestro propio desarrollo.