jueves, 30 de diciembre de 2010

Interés público e interés privado

Daniel Casanova

Los rectores de las Universidades Privadas sin aporte estatal directo han levantado su voz por el diferencial de 5 horas en que recibirán los resultados de la PSU en relación a las Universidades del Consejo de Rectores (El Mercurio, 30 de diciembre de 2011). Estas recibirían los resultados a las 00:00 hrs. del 3 de enero y aquellas a las 5 de la mañana. Estos rectores -entre los que se cuenta el de la Universidad Mayor- señalan que se trata de la retención y uso privilegiado de una información de interés público imposible de justificar.
Como es frecuente en el empresariado chileno, parece que los rectores recurren a la ilegítima triquiñuela de presentar su propio (y legítimo) interés privado con el interés público. Veamos.
A las 00:00 hrs. del 3 de enero las universidades del CRUCH no reciben los puntajes sino que los liberan a los interesados. Luego, no existe tal retención de información por 5 horas, puesto que ya a las 00:00 hrs la información es pública y conocida por sus destinatarios, que son los postulantes y sus familias. De esta manera, el interés público esgrimido por los rectores se encuentra satisfecho y a las 00:01 de 3 de enero ellos pueden empezar a matricular a los alumnos de su interés, cosa que no pueden hacer las universidades del CRUCH.
Por otra parte, las universidades privadas compran el archivo y, en efecto, lo reciben 5 horas más tarde que las del CRUCH. Lo usan para captar matrícula mediante ofertones, no para informar a los postulantes y sus familias, ni para hacer estudios académicos. En una palabra, el recibir el archivo es de interés privado y, en este caso, es el CRUCH el dueño de una información que ya es pública y es su decisión entregarla y en que condiciones a los intereses privados que compiten con sus propios intereses privados.
Hay que recordar que el sistema de admisión del Consejo de Rectores (primero con la PAA y luego la PSU) fue un diseño de la Universidad de Chile, para la selección de sus alumnos, que esta casa de estudios puso a disposición del resto de las universidades hace 43 años, con lo que se conformó un sistema integrado de selección y matrícula que hoy alcanza a 25 universidades y que tienen reglas de funcionamiento consensuadas. Bastaría que los rectores de las universidades privadas estuvieran dispuestos a aceptar esas reglas, para que comenzarán a recibir el archivo simultáneamente. Les aconsejo que primero se informen de esas normas que regulan el sistema y que obligan a las universidades del CRUCH a comenzar a matricular el 13 de enero, en vez del 3 de enero que lo harán las privadas.
Por último, ¿no es acaso de interés público también las cuentas y balances de las universidades privadas "sin fines de lucro"? ¿no sería bueno para el interés nacional conocer los subsidios estatales ocultos que tienen vía exenciones tributarias "por no tener fines de lucro"? ¿no es acaso de interés público la información del personal académico que la Universidad Mayor se negó a entregar al Sistema de Información de la Educación Superior (SIES) pese a que la Ley la obliga?

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La implacable consecuencia de la derecha

Ayer martes 21 de diciembre, José Valente, un conocido colaborador de Piñera, escribió un blog del Mercurio titulado: "La gran traición".
Más allá de su precariedad estilística e incluso de lenguaje, en él despacha una acusación probablemente verdadera, aunque por razones distintas a las expresadas.
Resumido de manera un poco tosca, señala que la Concertación habría traicionado a los jóvenes más pobres por su irreductible tozudez, por negarle las posibilidades de movilidad social a través del trabajo.
Las estadísticas lo avalan: el 60% de los delitos son cometidos por menores de 25 años. La razón es simple. Son excluidos, viven en poblaciones, sin posibilidades de proyectarse más allá de su propio y precario entorno. Y ¿por qué? Porque no consiguen trabajo.
¿Cuál es la solución? Simple: permitir que sean contratados por un salario inferior al mínimo. De ese modo es posible abrirles las puertas al ancho mundo laboral que los espera. Para no pecar de falso testimonio, prefiero copiar las razones expresadas por el propio columnista:

"En el caso de estos jóvenes les impiden trabajar, ya sea por las restricciones que se imponen al trabajo juvenil o a que los dirigentes acuerdan que nadie puede, aunque quiera, trabajar por un salario inferior a un mínimo preestablecido, que es ciertamente bastante bajo para las necesidades de un jefe de familia, pero que puede ser más que atractivo para algunos jóvenes de escasos recursos, poca educación y que viven con sus padres".

A juicio del columnista, son éstas las razones que permiten acusar a la Concertación de traidora. Porque se negó a fomentar lo que fue su fundamento: promover la movilidad social
Esta argumentación es simplemente notable. Revela, en primer lugar, que la derecha no tiene límites en su afán de conseguir mano de obra barata. Al punto que le parece que prohibir el trabajo juvenil va en detrimento de los propios jóvenes (como si no existiera, por ejemplo, la posibilidad de ofrecer opciones educativas). De ahí a autorizar el trabajo infantil no hay mucha distancia (seguramente pertenece al mismo grupo que piensa que el trabajo infantil es bueno, ya que con sus manos más pequeñas los niños pueden lograr mejores terminaciones en los productos que fabrican).
Segundo, porque considera que el trabajo no debe remunerase en sí mismo, sino por las obligaciones personales de quien trabaja. Quien es casado y con hijos debe ganar más y a la inversa. Me pregunto si este mismo argumento tendrá valor para sus propios hijos. Es decir, ¿si estos provienen de un familia adinerada, que le puede proveer de todo lo que necesitan, para qué ganar más de 150.000 pesos mensuales?
José Valente (dicho sea de paso, firma, como corresponde a su alcurnia, como José Ramón: es de rotos llamarse sólo José) se equivoca en dos sentidos. Efectivamente la Concertación traicionó en parte las aspiraciones de quienes la apoyamos. Pero no en el que señala, sino en algunos mucho peores.
Pero fomentar el trabajo juvenil subremunerado no tiene nada que ver con movilidad social, sino sólo con aumentar la mano de obra barata, desechable y el fomento amplio de la precariedad laboral.
O ¿cuánto tiempo cree José Ramón que será necesario para que muchos empresarios descubran que es más rentable contratar a jóvenes a bajo costo que obreros a sueldo mínimo?

lunes, 13 de diciembre de 2010

Violencia, corrupción y otras yerbas

Producto del lamentable incendio de la cárcel de San Miguel, en que más de 80 presos murieron calcinados o asfixiados, el "gobierno de excelencia" descubrió una serie de situaciones sociales novedosas.
La primera fue la dramática condición del sistema carcelario chileno. Hacinamiento, violencia y otra serie de amargos problemas fueron exhibidos como recién descubiertos y heredados de los años de la Concertación. Como si la derecha durante todo ese tiempo hubiera estado ajena al poder y a lo que le rodeaba.
Otro descubrimiento notable fue que en las poblaciones existe una cultura de la delincuencia, que se hace pública en situaciones como ésta y se expresa en diversos rituales. Autos corriendo a toda velocidad con tipos semidesnudos asomados por las ventanas, muchachos saltando sobre los techos de los buses y autos, otros disparando al aire cuando pasan con el ataúd frente a la cárcel. Sorprendente para el nuevo gobierno. Tal vez valdría la pena que se preguntaran también por la relación que existe entre esa cultura y las décadas de postergación y exclusión de un número nada despreciable de compatriotas que vive desterrados en los suburbios de las ciudades.
"La guinda de la torta" fue el descubrimiento de corrupción en gendarmería. Los presos tenían alcohol, cigarrillos, armas, teléfonos celulares y quizá cuanta otra cosa prohibida. Con un despliegue mediático inaudito hoy dieron de baja a 5 gendarmes por corrupción. ¿Es que acaso el nuevo gobierno no sabe de la difusa frontera que existe entre vigilantes y vigilados? ¿qué en la situación penitenciaria actual ambos dependen de la buena voluntad del otro?
Por último descubrió que en los módulos de la cárcel incendiada cohabitaban presos de diversas peligrosidades y tipos. Que producto de la escasez de espacio y la desorganización del sistema los mezclan a todos provocando que en el mismo módulo en que murieron quemados reos de alta peligrosidad, también lo hiciera uno que estaba detenido por ebriedad y otro por vender discos piratas.
Más allá de los avances que el nuevo gobierno está haciendo en entender el Chile de los excluidos, cuando pienso en el caso del reo que murió quemado por vender discos piratas, no puedo dejar de recordar lo anunciado el lunes por el Servicio Nacional del Consumidor. Con aires cancheros de triunfador el Director informó que había logrado acordar con las grandes casas comerciales chilenas que éstas eliminarían "algunas" de las cláusulas abusivas que incluyen en los contratos. En adjetivo "abusivas" es el que el propio SERNAC le da a cierta prácticas rayanas en la ilegalidad. Orgulloso de su sentido práctico el director agregó que si ello se resolviera por la vía de los tribunales el trámite podría demorar un par de años, y como de lo que se trata es de beneficiar al consumidor, es preferible eliminar, al menos, un par de los abusos existentes.
Dicho sea de paso, las grandes casas comerciales (retail) son hoy uno de los rubros económicos más lucrativos de Chile y uno de los que mayores ingresos genera.
Cuando se compara esta situación con la del fallecido vendedor callejero se me viene a la memoria lo que me contó hace un tiempo un querido amigo. En una visita que hizo a la cárcel vio al entrar un letrero escrito por los propios reos que decía: "aquí estamos los que robamos poco".

lunes, 29 de noviembre de 2010

La "unidad nacional" de la derecha

Astuta y cauta, por ser su primer gobierno democrático desde la elección de Jorge Alessandri en 1958, la derecha chilena acuñó la frase de "un gobierno de unidad nacional", como el emblema de su regreso al poder.
Muchos pensaron que con ello lo que se buscaba era resaltar que, por sobre las diferencias ideológicas con la Concertación, ésta haría un gobierno de consensos, en torno a grandes ideas de desarrollo nacional. Así como la misma coalición saliente lo había hecho durante veinte años, con una prudencia rayana en la ingenuidad, cuando no en la obsecuencia.
Pero el tiempo y el actuar del gobierno han demostrado que la famosa frase no tiene que ver con la búsqueda de consensos. Al contrario, ésta es usada como consigna de guerra para dividir la sociedad entre amigos y enemigos. Quienes están por la "unidad nacional" pertenecen a los primeros, quienes no están con ella son los antipatriotas.
En otras palabras, lo que esa frase hace es eliminar el derecho a disentir: o se está con ellos (que al parecer representan la única identidad chilena posible) o se está contra ellos y, por ende, contra Chile y su desarrollo.
El mejor ejemplo reciente es lo que sucede con la reforma curricular que el gobierno quiere implementar. Elaborada en el más profundo secreto del Ministerio de Educación, sin consulta a expertos ni gremios, fue presentada al Consejo Nacional de Educación para su aprobación en octubre del presente año. El CNED la aprobó, con algunas observaciones, por Acuerdo 113 de 2010 (no disponible en su página web).
Ahora será llevada al Parlamento para su aprobación. Ante la posibilidad que la oposición le niegue los votos y someta el proyecto a un estudio acucioso que involucre a más actores, el gobierno ha esgrimido nuevamente su frase de batalla y la ha dejado caer sin piedad sobre quienes pretendan no aprobarla de inmediato.
"Quiero pedirles a los senadores y diputados - así lo dijo el presidente - que se olviden de la división tradicional entre Gobierno y oposición, izquierda y derecha, y piensen en una sola cosa: en nuestros niños y jóvenes, piensen en sus propios hijos".
Dos cosas parecen reprobables en el mensaje de Piñera. En primer lugar, pedirle a la oposición y a la izquierda que deje de serlo y satisfaga sus deseos de llevar adelante lo que él llama (en un lenguaje que a la derecha chilena le es tan caro) "la madre de todas las batallas". Si esa es la lógica, entonces pidámosle al gobierno que en determinadas ocasiones deje de serlo.
En segundo, que se arrogue el derecho de la perfección y asuma que una reforma educativa deba ser asumida sin discusión por el sólo hecho de haber sido formulada por su sector. Cómo si ello bastara para tener la razón y hacer exigible su aprobación.
Nuevamente el gobierno ha sacado a relucir su famosa frase, acusando a quienes queremos un debate amplio, de antipatriotas, por no estar incondicionalmente de acuerdo con él.
No obstante, a pesar de la lamentable situación descrita, hay quienes ven en esta actitud de la nueva derecha chilena un avance, en la medida que ésta al menos aprendió a formular su derecho a la exclusividad por la vía del lenguaje, y ya no sólo del fusil y la bota militar.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Marcha por la Historia

* Por Ricardo López y Enrique Fernández







Algunas imágenes de la marcha realizada hoy desde la Casa Central de la Universidad de Chile al Ministerio de Educación, para entregar a Joaquín Lavín un carta relativa a la propuesta de eliminar horas de Historia del currículo escolar.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Resumen del Chile urbano

Si se descuenta su parte rural, la sociedad chilena podría ser resumida en cuatro cuadras del centro de Santiago. En ellas se puede encontrar todo el espectro de sectores sociales que componen nuestro país.
Las calles son las que van desde Estado por el oriente, hasta Teatinos por el poniente. Es más, ni siquiera es necesario recorrerlas completas, sino que basta con ir por la Alameda, un viernes o sábado como a las nueve de la noche.
Después de esa hora, en la esquina de Estado con Alameda comienzan a deambular las figuras espectrales de cartoneros y, en general, recolectores cualquier cosa útil o reducible. Adultos y niños, hombres y mujeres, escarban basureros y bolsas, acompañados muchas veces de sus perros, en busca de alguna sorpresa o, al menos, de lo que les permitirá comer al día siguiente. También termina la jornada de trabajo uno que otro lanza, mientras los barrenderos intentan devolver el orden deshecho por los recolectores.
De tanto en tanto, alguna empleada doméstica, apretando temerosa contra su cuerpo una escuálida cartera, pasa entremedio de todos en busca de la segura luminosidad del Metro.
Al caminar de Estado hacia Ahumada, el paisaje humano cambia levemente. Aparecen los vendedores ambulantes de cuanta chuchería existe, muchos de ellos ciegos o lisiados; los últimos vendedores de las grandes tiendas y farmacias, y uno que otro grupo de oficinistas de "medio pelo", que aún se resisten a llegar a sus casas, dejándose tentar por cualquier bar que encuentren a su paso. También abandonan el lugar los predicadores, mimos y músicos.
En la media cuadra siguiente, que llega hasta la calle Nueva York, el paisaje comienza a cambiar en forma definitiva. Algunos ejecutivos rezagados de las oficinas financieras de los alrededores y los muchos clientes del Club de la Unión, en sus elegantes trajes, se pasean con paso apurado, temerosos que la desdicha de los que dejaron atrás los alcance. Seguramente se dirigen a alguna fiesta de matrimonio o gala de beneficencia. Sobre la vereda reposan, brillantes y pomposos, sus autos de marcas y precios exóticos.
La calle Nueva York es la frontera definitiva de ambos mundos. Separados físicamente por las miradas atentas de los carabineros que desde un furgón con las puertas abiertas vigilan que nadie traspase la linea, y simbólicamente por la distancia mínima e infinita que separa al Club de la Unión de la "Unión Chica".
Si se camina una cuadra más aparece La Moneda. Iluminada. Blanca. Rodeada de banderas. Señorial. Es el símbolo máximo del poder. Éste es el espacio que consolida la separación entre los muchos chiles. Entre el Chile de la riqueza y el poder, y aquel de la miseria y servidumbre.
En La Moneda cohabitan todos aquellos que transitan entre Teatinos y Nueva York. Y lo hacen, qué duda cabe, para servir a quienes tuvieron la mala suerte de hacer sus vidas entre Nueva York y Estado.

martes, 9 de noviembre de 2010

La malla

Por Daniel Casanova

Varias universidades están reformando los estudios de pregrado. Las razones parecen atendibles: acotamiento del tiempo de estudios, articulación horizontal y vertical, movilidad, flexibilidad curricular, pertinencia, mayor sensibilidad a las demandas sociales, entre otras. Suele buscarse ahora un currículum organizado más en torno a los desempeños profesionales o competencias que a los contenidos de las disciplinas. Esto impone graves
desafíos de toda índole a las instituciones y están por verse los resultados.
Ahora bien, a nivel del diseño de la estructura curricular, lo que suele implementarse es otra metodología para llegar a lo de siempre: un rígido entramado de unidades de aprendizaje llamado en Chile malla curricular, en la que se supone que los casilleros ahora no se organizan tanto como contenidos disciplinares, sino en base a las competencias a desarrollar en el futuro profesional. A esa formulación, como siempre, se la clausura normativamente en la ley interna, mediante algún decreto de la autoridad competente que lista las asignaturas -seguramente ahora renombradas como "módulos"- congelándolas y, con ello, se amarra a la comunidad de estudiantes y profesores presente y futura al nuevo diseño.
Pero, ¿y en que quedó lo de flexibilidad?
La flexibilidad curricular puede significar dos cosas: la primera que el estudiante modele en alguna medida su propio "perfil de egreso" y diseñe su propia trayectoria dentro de la oferta formativa existente en su universidad y la segunda, que el profesor pueda acometer al logro de los aprendizajes mediante los contenidos y métodos que prefiera, es decir, que pueda diseñar sus cursos.
Hasta el momento nada de eso se vislumbra en la reforma curricular del pregrado, salvo tal vez, en las innovaciones de estructura curricular a nivel macro de las Universidades de Chile y Católica de Chile.
La razón es simple: se olvida que un plan de estudios es siempre una proposición hipotética y que debe ser capaz de evolucionar.
Lo que se hace es lo contrario. Suele establecerse un perfil de egreso como si fueran las tablas de la ley, se deducen de él las asignaturas (o como quieran ahora rebautizarlas) y se formula el plan de estudios como el listado de asignaturas que el estudiante deberá aprobar en su trayectoria. Por otro, se suele prefijar como parte del diseño, los contenidos, la metodología y la evaluación. O sea, en los nuevos syllabus ya vienen respondidas y empaquetadas las respuestas a las viejas preguntas: que enseñar, como enseñar y como evaluar. No es necesario recalcar la visión tecnocrática y funcionalista que subyace a tales prácticas de diseño curricular.
La reforma curricular del pregrado podría devenir en algo más interesante, si se hicieran algunas cosas: primero, se formularan los planes de estudio no como una malla curricular, sino como un plan propositivo y evolutivo expresado en conjuntos de créditos académicos a cumplir por el estudiante en determinadas áreas y temas, (lo que no obsta para que existan determinadas asignaturas obligatorias); segundo, se trabajara la programación de asignaturas, como el momento de proposición y evolución, ajuste y deliberación de los cursos y las trayectorias estudiantiles; y tercero, se gestionara la inscripción de los estudiantes como el momento de constitución formal de las redes de expertos y de aprendices que buscan trazar su camino formativo.
Lo otro es hacer una nueva malla curricular en base a un nuevo catecismo pedagógico de moda, la que antes de cinco años seguro que declararemos obsoleta y ahí vamos de nuevo.

martes, 2 de noviembre de 2010

Progreso




Basural encontrado en al Cajón de las Leñas, en la cordillera de Rancagua.
El basural es atribuible a la construcción de las centrales de paso de Pacific Hydro en la zona.
Su mayor progreso es haber logrado que "las vacas aprendan a degradar basura humana".

lunes, 25 de octubre de 2010

La peligrosa incultura del poder

Hace unas semanas atrás conversábamos con amigos y familiares acerca de la relación que existe entre la política y la cultura. La principal conclusión era que si bien los políticos, en general, no se caracterizan por ser excesivamente cultos (al menos los actuales), el caso de la nueva derecha chilena es aún peor.
No se trata de que no vayan a la opera o a los conciertos de la orquesta sinfónica o no visiten las galerías de pintura. Al contrario, son tal vez ellos quienes más organizan, financian y frecuentan este tipo de actividades. Pero que lo hagan no es sinónimo de ser cultos. Más bien esto funciona como un sucedáneo o simulacro de cultura, al aparecer como mecenas y usuarios, luciendo galas y joyas en palcos decimonónicos.
Ello no cubre, sin embargo, la brecha cultural de quien no se ha educado o no ha leído lo suficiente para cumplir adecuadamente su rol de elite social, política y cultural.
Es el caso de la nueva derecha chilena, monopolizada por los "hacedores". Por personajes caracterizados por un activismo incesante que conduce invariablemente por el camino del éxito, hacia la riqueza y el bienestar.
Si bien ello no es reprobable, uno podría esperar que el grupo dirigente fuera más culto, que su sensibilidad fuera más allá de la sola figuración social y el protagonismo político. Que su comprensión de los problemas sociales fuera mayor y que, por lo mismo, su discusión tuviera la profundidad que merecen.
En otras palabras que temas como la salud, las pensiones, la educación - entre muchos otros - no fueran tratados con el desdén que se trata cualquier transacción comercial cuando se es dueño de todo el dinero y se preguntaran por una vez (aunque sea sólo una vez) si estos no merecen un abordaje distinto.
Pero eso parece ser demasiado pedir. Basta con hacer que las cosas funcionen. ¿Para qué preguntarse porqué funcionan así? Ni mucho menos si pudieran funcionar de otro modo.
Hoy nuestro Presidente hizo gala de esta falta de cultura al citar una estrofa del himno nacional alemán que no se canta porque representa uno de los símbolos más importantes del nazismo.
Consecuente hasta el final, señaló a la prensa que "no tenía conciencia que esa frase estaba ligada a un pasado oscuro".
Es altamente probable que esté diciendo la verdad. Pero cualquiera podría preguntarse por qué una persona que no sabe alemán aprende esa frase de memoria e insiste en escribirla en el libro de visitas de la presidencia alemana, sin saber qué significa ni de dónde viene. Se trata de un Presidente de la República, no de un papagayo entrenado en la repetición inconciente de sonidos ajenos que no es necesario comprender.
En algún momento pensé que un querido amigo exageraba cuando me decía "la gente no tiene libros", refiriéndose obviamente a su lectura. Más de una vez me dijo que en la sociedad actual "quien no tenga cien libros lo van a hacer tonto con el vuelto".
Hoy comienzo a pensar que mi amigo no sólo tiene razón, sino que ello cobra especial importancia cuando se trata de la elite. En este caso, su incultura no es sólo un problema individual, sino un peligro para todos nosotros.

martes, 12 de octubre de 2010

Gracias mineros por la ilusión concedida

Por Rodrigo Vidal Rojas


Gracias por concedernos la ilusión de que somos un país solidario y preocupado por el sufrimiento del otro.

Gracias por darnos la oportunidad de calmar nuestras conciencias, pensando que contribuimos en algo encendiendo el televisor para informarnos acerca de lo que ocurre con ustedes.

Gracias por haberle entregado un contenido humano y sensible a un bicentenario que por más promesas hechas, nunca despegó.

Gracias por otorgarle al gobierno una razón de estar en La Moneda cuando, iniciado el campeonato de fútbol, el terremoto había llegado a su fin.

Gracias por haberle dado un sentido útil a nuestros medios de prensa.

Gracias por colmar el tiempo y el interés de nuestros noticiarios, arrinconando en pocos minutos la verborrea insoportable de nuestra clase política.

Gracias por regalarnos 33 nombres para escribir la historia de nuestro bicentenario, en un país plagado de villanos y tan necesitado de héroes contemporáneos.

Gracias por el silencio comprometido, ya que toda nación requiere que sus héroes sean santos, para fundar su historia sobre personajes casi mitológicos.

Gracias por el número 33, que le otorga una dimensión mística y trascendente a un país pobremente aterialista y crematístico.

Gracias porque a 33 semanas de producido el terremoto la tierra nos devuelve un poco de la vida que nos arrebató el 27 de febrero.

Gracias porque por una vez no celebraremos un gol, un triunfo en un reality, el logro del Kino, el inicio del festival o el IMACEC, sino que celebraremos el triunfo de la vida.

Gracias por demostrarnos que cuando el Estado quiere, puede; y que de la misma forma como invierte millones y millones de dólares en el rescate de 33 mineros desde el fondo de la tierra, puede y debe invertir otro tanto para rescatar a miles de niños del fondo del hoyo de la mala educación que este país les entrega.

Gracias, por que entre tantos bytes, pulgadas, milímetros de espesor, airbags, cilindradas, superficie construida, kilómetros acumulados, seguidores en Twitter, con que medimos la longitud de nuestra masculinidad chilensis, ustedes nos recuerdan que la posibilidad de volver a ver el sol con nuestros propios ojos es lo que le da sentido a la vida.

Gracias por paralizar 48 horas este país, por una causa noble.

Cuando la expectación de vuestro rescate se haya extinguido, y la última luminaria del campamento Esperanza se haya apagado, nos quedará el recuerdo y las imágenes de un evento extraordinario y único que nos habrá dejado la ilusión de que una sociedad un poco mejor de la que hoy tenemos es tal vez posible.

lunes, 4 de octubre de 2010

Una precisión "Mayor"

"Como las prestigiosas universidades de Princeton, Johns Hopkins, Cornell y Columbia, también la Universidad Mayor acreditó su calidad en Estados Unidos".
Así repite incansablemente una publicidad radial desde que el 24 de junio recién pasado dicha universidad recibiera la mentada certificación.
Este aviso ha sido sólo parte de una enorme campaña publicitaria que intenta diferenciar a la Universidad Mayor de las instituciones nacionales, poniéndola aparentemente en las ligas internacionales de la educación superior.
Si bien es cierto que un esfuerzo como éste sólo puede ser felicitado, no es menos cierto que sería deseable una precisión un poco mayor por parte de la propia universidad.
La "Middle States Commission on Higher Education" es la comisión de acreditación más antigua de Estados Unidos, funciona desde 1919, y efectivamente acredita a prestigiosas universidades en todo el mundo.
Para hacerlo, sin embargo, utiliza como base la clasificación de instituciones de educación superior que desarrolló la Fundación Carnegie a comienzos de la década del 70 y que ha ido actualizando permanentemente. Dicha clasificación no busca establecer un ranking, sino sólo determinar categorías de universidades a fin de hacerlas comparables entre sí. Aunque en la práctica es inevitable que opere como tal, a mucho pesar de la propia Fundación.
La clasificación (incluido el item "no clasificadas") tiene un total de 34 categorías, que van desde las grandes universidades de investigación, pasando por otras especializadas en algunas áreas, instituciones tribales, hasta las universidades o colleges rurales.
La Universidad Mayor cabe dentro del grupo "Master's - Smaller Programs", junto a otras 128 instituciones de las más de 4.390 que tiene el sistema norteamericano. Para ser más precisos, es una de las 83 en esta categoría, que corresponde a instituciones privadas sin fines de lucro (junto a 32 públicas y 13 privadas con fines de lucro).
En esta categoría se ubican las universidades o colleges que no entregan grados de doctor (o lo hacen en una medida no relevante) y que, por lo mismo, tampoco tienen investigación de peso. Son instituciones (postbachillerato) que en un período de dos años entregan menos de 99 grados de magíster.
En síntesis, no se trata de desmerecer el logro de la Universidad Mayor, sino de ponerlo en la perspectiva que corresponde.
Las Universidades de Princeton, Johns Hopkins, Cornell y Columbia, corresponden todas a lo que la clasificación Carnegie denomina "Doctorate-granting Universities" (Very High Research Activity), ubicándose en la cúspide del trabajo académico mundial (salvo que la publicidad se refiera al Columbia College, que sí se ubica en la misma categoría).
Nuestra criolla institución se compara con la Bayamon Central University, Caldwell College, Neumann University o el Utica College, por mencionar algunas de las (desconocidas) instituciones acreditadas por la misma agencia en esa categoría.
En algo sí aciertan en la comparación: se ubican entre las universidades privadas sin fines de lucro. Aunque - pensándolo mejor - tal vez ésta sea también una pregunta abierta en el caso de la Universidad Mayor.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Sobre bombas atómicas, ingeniería genética y otras cosas

Por Mauricio Casanova Brito

Las caracterizaciones de la llegada de este siglo XXI son muchas. Unos adelantan el fin de la historia, el paraíso de la tecnología y las soluciones Express, el siglo de los mundiales con victorias africanas, el siglo del Apocalipsis y las predicciones mayas, el siglo de los autos voladores, etc. En fin, son muchas las predicciones para este nuevo siglo. Bienvenidos los años que dejen atrás 100 años amargos de guerras mundiales y desastres atómicos.

Sin embargo, dentro de las muchas interpretaciones de nuestra nueva realidad, hay una en particular que abandona las fantasías periodísticas y mediáticas. Existe algo nuevo, algo que no habíamos pensado antes, que quizás deba re-definir las políticas incluso a nivel global ¿Qué pasa en este siglo XXI? Podemos morir. Si, así de simple, podemos morir. Y no es esto una predicción mística ni una religión milenaria, es un análisis frío y realista.

Si bien en el siglo XX ya se daban alarmas de los peligros de las armas nucleares en la guerra fría, esta realidad requiere un análisis más profundo, pues en el siglo XXI la barrera entre sociedad y naturaleza se quebró, la sociedad se apoderó de la naturaleza, la naturaleza se sociabilizó, tanto así, que su supervivencia DEPENDE DE LA SOCIEDAD. Esto es algo nuevo ¿No da para pensar?

Siempre hemos concebido que somos grupos de sujetos viviendo en un entorno natural, un territorio, un suelo, espacio, como se llame. A ese espacio natural, nuestra tierra, la entendemos como algo distinto a los seres humanos. Eso precisamente es lo que comienza a desvanecerse. La naturaleza ahora es social, depende de la sociedad, es parte de ella. Si nos ponemos de acuerdo, clonamos animales. Si nos ponemos de acuerdo, damos a luz a niños en probetas. Si no nos ponemos de acuerdo en nada, podemos destruirnos.

¿Cuál es la conclusión que debemos sacar? ¿Entregarnos a fundamentalismos religiosos y esperar el fin de los días? Yo creo que no. La solución, sólo el comienzo, creo que es simple: dejar de pensar en nosotros como seres humanos con naturaleza. No seamos humus económicus, seres naturalmente adaptados a la competencia. No seamos Adanes ni Evas condenados al eterno pecado original. No seamos nada pre-determinado. Que tragedia más grande para este siglo XXI que el pensamiento que crea que somos hombres corruptos, condenados ya sea a nuestro eterno egoísmo neoliberal o al pecado por haber probado el fruto de la ciencia. Pensar que algo malo se esconde en nuestro interior, en nuestra profunda naturaleza humana, es algo pernicioso. Es algo que impide el pensar en algo más allá.

Personalmente, creo que no somos malos de naturaleza, que no llevamos el neoliberalismo en el código genético y que no somos pecadores esperando la segunda llegada de Cristo. Se nos viene el siglo XXI y yo prefiero pensar que algo se puede hacer en vez de sentarme a vez televisión.

lunes, 20 de septiembre de 2010

La dama de hierro chilena

En el año 1981, la entonces primera Ministra de Inglaterra, conocida de como la "dama de hierro", dejó morir de hambre a 10 huelguistas.
Todos eran del IRA y estaban recluidos en la cárcel de alta seguridad de Long Kesh. Al inicio pedían que se les reconociera el estatus de presos políticos. Pero ella no sólo se los negó, sino que implementó una serie de medidas represivas, como la prohibición de hacer ejercicio, leer, usar determinadas instalaciones. Finalmente, los presos tomaron la más extrema de las medidas: la huelga de hambre.
Pero eso no impresionó a Tatcher. Tampoco las manifestaciones a su favor, ni mucho menos el que varios de ellos ganaran elecciones parlamentarias (en ausencia y sin campaña, se entiende): Bobby Sands, Kiehran Doherty y Paddy Agnew. Salvo este último, los otros dos murieron producto de la huelga de hambre junto a sus compañeros, cuando bordeaban los 70 días.
En Chile, 34 comuneros mapuches se encuentran en huelga de hambre hace el mismo tiempo. Es probable que no vivan mucho más. Mientras la prensa nacional se ha deleitado con las festividades bicentenarias y las varoniles y multicolores boinas especiales de soldados de toda especie, en una parada militar juzgada como sin precedentes, la situación de los comuneros ha permanecido casi silenciada.
Sólo gracias a algunos parlamentarios europeos y a la prensa internacional, la huelga de los comuneros ha comenzado a ser considerada en Chile. Incluso, una vez más debemos agradecer a la Iglesia Católica que el tema sea puesto sobre la mesa y aparezca en primera plana en algunos medios.
Sin considerar el drama que vive el pueblo mapuche (y otros pueblos indígenas), se trata de algo muy simple: los comuneros no quieren ser juzgados por la ley antiterrorista, considerando que los delitos que supuestamente cometieron están tipificados y contenidos en el derecho penal.
Algo que parece obvio en Chile no lo es. Y la lógica para justificarlo es la que logró imponer la derecha y que no transará: los delitos contra la propiedad privada deben permanecer dentro de lo que debe ser considerado como acto terrorista. Es decir, es lo mismo derrumbar las Torres Gemelas, volar una estación de Metro que incendiar un camión, bajando antes al chofer y exigiéndole que abandone el lugar.
Ésta ha sido una ocasión privilegiada para que el gobierno desenvaine los históricos colmillos de la autoritaria derecha chilena. Públicamente ha dicho que es efectivo que la ley puede estar mal aplicada, por lo mismo hay que enmendar lo sucedido. Pero al mismo tiempo no se sienta a conversar con los comuneros, bajo el viejo lema "con los terroristas no se negocia".
No se trata de excusar a los comuneros por lo que han hecho o se les imputa, de lo que se trata es de abordar el tema sensatamente y con una visión que vaya más allá de proteger las plantaciones de eucaliptus de alguna empresa o el trigo de un par de patrones. Es necesario pensar la situación indígena en serio y ponerse a la altura de lo que han hecho otros países vecinos o no tan vecinos.
Pero pareciera ser que el gobierno quiere mantener el tema en una confusa frontera entre la delincuencia común y el terrorismo, sin aclarar conceptos, ni mucho menos escuchar.
Lo peor es que tampoco se ve en Piñera un interés por tratar este problema con una mayor visión de estadista. Es más, temo que si ya se ha paseado por todo Chile son su casaca roja de vendedor de ferretería, si se ha disfrazado de huaso y de piloto, es también esperable que pronto quiera cenirse a la cintura una brillante falda de hierro.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Isabel Allende se equivoca

El pasado jueves se entregó el premio nacional de literatura a Isabel Allende, la "embajadora" de las letras chilenas, como ha sido llamada con frecuencia.
Esta decisión estuvo rodeada de polémicas de todo tipo, que comenzaron mucho antes de la entrega del premio y que probablemente nos persigan aún por algunas semanas.
Por una parte estaban los que decían que la escritura de Isabel Allende no está al nivel de lo que podría ser una literatura merecedora de tal premio. Le gusta mucho al público, es una gran vendedora, qué duda cabe, pero eso no es equivalente a que su obra tenga un valor literario superior.
Por otro lado estaban quienes hacían un esfuerzo argumentativo contrario combinando su éxito editorial con una cierta calidad literaria y trataban de insertarla en una corriente tardía del realismo mágico, que habría llegado - a juicio de los mismos entendidos - no a copiarlo, sino a enriquecerlo con otras visiones.
También hubo quienes lo fundamentaron decididamente desde la óptica del público lector, que es quien en definitiva - señalaban - justificaría el premio. Los argumentos no eran menores: más de cincuenta millones de libros vendidos, traducidos a 27 idiomas. O, como dijo otro intelectual comentarista, "no hay aeropuerto en el mundo en que no haya un libro de Isabel Allende".
Incluso algunos señalaron que se lo merecía por el simple hecho de ser mujer.
Y así, suma y sigue.
La comunicación de la entrega del premio la hizo el propio Ministro de Educación, Joaquín Lavín, en una video conferencia. Isabel Allende, al enterarse, rompió en llanto y aseguró que éste era el premio más importante que había recibido en su vida.
La situación general estuvo cargada de una emotividad mediática (como le gusta a Lavín), que distó mucho de otros premios nacionales, que apenas merecieron unas líneas en la prensa.
Ya algo más descansada y menos emocionada, en otra entrevista declaró que lo sucedido era un situación justa y que nadie podría decir que éste había sido un premio político. El argumento implícito era que ella, siendo de izquierda, había sido reconocida por un gobierno de derecha. Con lo que, de paso, aprovechaba de criticar una cierta mezquindad que habría tenido la Concertación con su obra.
Seguramente Isabel Allende dijo eso también para desmarcarse de otros premiados, como Bernardino Bravo Lira, quien un día antes había recibido el de Historia, siendo él alguien que claramente gusta de las interpretaciones conservadoras de nuestro pasado. Puede que sea así, pero, dicho sea de paso, nadie duda de que su obra es historiográfica.
Pero más allá de esta elucubración, Isabel Allende se equivoca. Su premio es político y tal vez más que cualquier otro.
O ¿Qué podría ser para la derecha chilena más político que demostrar que también escribir puede ser un buen negocio y que el éxito en el mercado puede definir incluso lo que debe ser entendido o no como literatura?

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Educación pública






El Liceo de Aplicación fue fundado en el año 1892 y durante algo más de un siglo fue uno de los liceos "emblemáticos" y un orgullo de la educación pública chilena.
Hoy es un edificio abandonado y el liceo funciona en dependencias de la agónica Universidad de la República. Es, tal vez, uno de los mejores reflejos del estado de la educación pública chilena.

martes, 24 de agosto de 2010

La no imaginación

Si tuviera que responder a la pregunta por el mayor éxito de la ideología neoliberal, diría que éste no tiene que ver con sus resultados económicos, que son, por lo demás, siempre discutibles. Si no con algo mucho más importante y profundo: con su capacidad de anular la imaginación política a través de la naturalización de la realidad.
Esta ideología nos ha convencido que el mundo se encuentra sostenido por una serie de algoritmos económicos inalterables, que son los que garantizan su relativa coherencia, pero por sobre todo, que no se venga abajo. Además, nos ha persuadido de que la interpretación auténtica y la correcta alquimia que garantizan su continuidad la tienen y conocen sólo los iniciados en ella.
En otras palabras, nos ha hecho creer que la única realidad viable es la que conocemos y que las alteraciones permisibles son aquellas que admiten las ecuaciones y curvas econométricas. Éstas, en definitiva, y no la imaginación política, son las que fijan los límites a la realidad posible.
Así surgen los dogmas de la inflación, del endeudamiento fiscal, del libre mercado, del crecimiento económico, de la optimización incesante, de la competitividad, por mencionar algunos de los más conocidos.
Son estos, en sus diversas combinaciones, los que determinan lo que es imaginable y lo que no. Quien quiera ir más allá de ellos está poniéndose a sí mismo y a todos nosotros en riesgo.
Quiso la historia, además, que el momento de su éxito (probablemente circunstancial, ya nada asegura que este modelo vaya a funcionar para siempre), coincidiera con el fracaso del socialismo real.
Esto generó las condiciones concretas para que se pudiera demostrar que esta forma de organizar la sociedad es la más exitosa. Y como no hay muchas opciones, no quedó otra que hacerse del nuevo dogma (y de las consecuencias que esto tiene para la posibilidad de generar ideas distintas a las admisibles).
De ese modo hemos llegado a un punto en que cualquier intento de imaginar una sociedad que vaya más allá de lo que las ecuaciones permiten es acusado inmediatamente de ideológico, por no aceptar que la única realidad posible es la existente y que es esa la que debemos perfeccionar, dentro de los márgenes por el dogma permitidos.
La mayor virtud, sin embargo, de la ideología neoliberal no es que ella sea fomentada (como se suele y gusta de creer con frecuencia) por una cofradía secreta de individuos perversos, que buscan acrecer su riqueza sin cesar a costa de los excluidos y explotados. Su mayor virtud es que ella seduce por sí sola y que, por lo mismo, no requiere de muchos defensores para tener hordas de seguidores.
Y la razón de esto es muy simple: siempre es más fácil describir la realidad existente y luchar por conservarla que imaginar cómo podría ser. Es decir, admirar, aunque sea con cierta criticidad, lo existente resulta mucho más cómodo y menos riesgoso que intentar imaginar y crear lo desconocido.

sábado, 21 de agosto de 2010

¿Universidades estatales? Depende*

* Por Daniel Casanova

La administración de los asuntos humanos puede hacer la vida confortable o convertirla en una auténtica pesadilla. Una buena administración se nota poco y trabaja bajo el lema
"el mejor procedimiento es el que no existe", o sea, trabaja para la autoextinción. Una mala administración es un máquina de procedimientos para amargarle la vida impunemente al prójimo atrapado al otro lado del mesón.
Una amiga, doctorante en un programa acreditado, de una universidad estatal acreditada por 6 años, y cuya tesis fue calificada con nota 7 unánimemente por los profesores, tenía el examen de grado fijado para un día equis. Pese a haber consultado sin éxito con meses de anticipación los procedimientos, seis días antes del examen le avisan que debía "firmar personalmente el expediente a más tardar cinco días hábiles antes", además de pagar más de un millón de pesos y presentar tres copias empastadas de la tesis. No sería tan grave si ella no viviera a 500 km. de Santiago y le sobrara el tiempo. Logró que le aceptaran presentarse 4 días antes y pagar mediante una transferencia electrónica simple. Se apersonó el día convenido premunida de los papeles solicitados, entre ellos, los que ya había entregado al mismo programa cuando fue admitida. Una señora le dijo primero que "no constaba el pago"constara. Aclarado el pago la funcionaria pronunció entonces esa frasesita que sabemos inevitable: "chuuu, estamos mal". El expediente estaba en blanco, o sea, aparte de su nombre, la acreditada universidad -oficialmente- no tenía registro alguno de la doctorante. Una vez conseguidos artesanalmente los registros, hizo el check-list de los papeles. Entonces ocurrió lo que la víctima de la máquina siempre sabe: faltaron papeles. Pese ha haber pagado todo el programa de su bolsillo y nunca haber tenido acceso alguno a recursos bibliográficos, faltaba "el papel de beneficios" y "el papel de biblioteca". La funcionaria se allanó a darle plazo para que el programa presentara esos papeles en los días que quedaban. y - en vez de encargarse- la envió a otra oficina a lograr que el pago
Sin embargo, como la idea es torturar a la gente, al otro día -o sea a tres días del examen- mi amiga recibe un correo del programa (en carácter de copia) enviado a los profesores, notificándoles que el examen se suspende.
Tengo claro que la administración no es la Universidad, pero ambas pueden echarse a perder mutuamente, y la víctima siempre es un tercero, normalmente el estudiante. Por eso el desprecio aristocrático del estilo "poner una nota, ¿yo?", sin pensar que un ser humano sufrirá por la omisión, es una idiotez. Así también, pretender que para un examen se necesita algo más que la examinada, sus colegas y sus profesores, como si los papeles estuvieran vivos, es un delirio burocrático.
No puedo generalizar a partir de un caso pero es inevitable pensar desde las experiencias. Esta es una historia de una universidad estatal. Soy un convencido que el estado debe tener un trato preferencial con sus universidades, pero si hay una gradiente del convencimiento, hoy me sitúo un poco más abajo que el 100%. Ya estoy dispuesto a decir "sí, pero..., depende".

lunes, 16 de agosto de 2010

Obscenidad

Desde que a comienzos de julio se publicaron los resultados de la encuesta CASEN (Encuesta de Caracterización Socioeconómica que aplica el Ministerio de Planificación desde 1985, con periodicidad bianual o trianual), la discusión no se ha detenido.
El principal foco ha estado puesto en el aumento de la pobreza o, como gustan de decirlo los políticos, en el "retroceso que ha experimentado su combate". Dos millones y medio de pobres es la nueva cifra. De ellos, más de 630 mil corresponden a indigentes.
Muchos entendidos dijeron que estos resultados mostraban el fracaso de las medidas sociales de la administración saliente y que ello justificaba en gran parte la elección de quienes ahora gobiernan. Otros, asumiendo su defensa, arguyeron como razón los efectos de la crisis económica del año pasado.
Sólo uno pocos analistas más lúcidos adujeron temas metodológicos para explicar, en parte, dicho aumento. Pero también señalaron que si los criterios de medición fueran los adecuados, es decir, si se utilizara como indicador principal una canasta del año 2009 y no la histórica del 1987, y que si los valores para ser considerado pobre no fueran de 64 mil (para la ciudad) y 47 mil (para las zonas rurales), las cifras serían aún peores. En otras palabras, arrojarían una visión mucho más precisa de la pobreza que nos esforzamos por ocultar y despersonalizar detrás de una inagotable batería de estadísticos de aparente neutralidad.
Si se aplicaran otras mediciones, señalaron, la pobreza reconocida como tal por los datos oficiales no sería del 15 por ciento, sino que rondaría el 30.
Muy pocos, sin embargo, repararon en un detalle, al menos, igualmente importante: el problema no radica sólo en el aumento de la pobreza, sino también en un aumento de la concentración de la riqueza y, por ende, de la distancia entre estos dos Chile.
En relación a la encuesta anterior (2006), el 10% de los hogares más ricos aumentó en un 1,6 puntos porcentuales su captación del total de los ingresos autónomos, llegando al 40,2% de estos. Mientras el 10% de los hogares más pobres decreció en el mismo período en 0,3 puntos, captando apenas el 0,9% del total de los ingresos autónomos.
Esta situación pareció al Presidente Piñera simplemente intolerable y manifestó su irrestricta solidaridad con los compatriotas que sufren esta ignominiosa situación. Señaló, además, haciendo eco de los estudios de la CEPAL, que en nuestro caso bastaría con transferir un 1% del Producto Interno Bruto a quienes viven en condición de pobreza para que superen esa situación.
Se le olvidó, sin embargo, un pequeño detalle: que de acuerdo a publicaciones recientes, él pertence a una de las cuatro familias chilenas (Luksic, Matte, Angelini y Piñera) que controlan el 47% de todos los activos que se transan en la Bolsa, que representaron el año 2008 el 12,5% del PIB. Es decir, todo lo necesario para sacar a nuestros compatriotas varias veces y para siempre de la pobreza.
Una situación como la descrita ya no puede ser considerada injusta, es simplemente obscena.

lunes, 9 de agosto de 2010

Saludos a Diego Ríos*







* Mensajes callejeros fotografiados en distintos puntos de Santiago, que saludan a Diego Ríos, anarquista prófugo desde mediados del año 2009.

lunes, 2 de agosto de 2010

De la "huelga de los tranvías" al Transantiago*

El día 29 de abril de 1888 se congregó en la Alameda de Santiago una gran multitud de personas para protestar por el alza del pasaje de los tranvías. La concentración era la segunda que convocaba el Partido Demócrata.
La primera se había realizado un par de semanas antes: el 8 del mismo mes.
La razón era el aumento del precio del pasaje de segunda clase, de dos centavos y medio a tres. El argumento de la compañía privada que administraba el servicio de transporte público era la escasez de la moneda de dos centavos y medio, lo que hacía difícil el cobro.
El resultado de la primera concentración fue una conversación del directorio del partido con el Intendente y una carta a los representantes de la empresa, propiedad de las familias Matte, Edwards y otras igualmente adineradas. La respuesta fue tajante: el pasaje no sólo subiría medio centavo, sino que dentro de pronto volvería a subir.
En la segunda concentración, motivada por esta negativa, los ánimos fueron distintos. Luego de escuchar a los oradores, un grupo de personas abordó un tranvía, obligó al chofer a desenganchar los caballos y luego volcaron el carro. Pronto otros grupos comenzaran a hacer lo mismo e incluso los incendiaron.
La policía y algunas unidades del ejército tuvieron serios problemas para contener a la multitud. Los resultados de la concentración y de la molestia popular eran elocuentes: 17 carros incendiados, otros 17 parcialmente destruidos, numerosas garitas destrozadas y 22 caballos desaparecidos. A ello hay que agregar decenas de heridos.
Ésta es considerada una de las primeras huelgas obreras masivas, de las muchas que se extendieron por Chile durante los siglos XIX y XX.
Para entender este movimiento hay, al menos, dos claves: por una parte, la voluntad de la poblada para salir a la calle, insubordinada, a arriesgar la vida por algo que consideraban justo. Por otra, un partido político que hizo de esta reivindicación algo más que un eslogan.
En ninguno de los casos hay parangón con lo que sucede hoy en Chile con el Transantiago. Desde marzo éste ha subido su tarifa mensualmente: 10 pesos en marzo, 20 en abril, 20 más en mayo en algunas comunas de Santiago, 20 en junio y otros 20 en julio. De ese modo, el metro de Santiago, con una tarifa superior a un dólar por viaje, se convirtió en el más caro de Sudamérica junto con el de Brasilia.
Lo más increíble es que no hay reclamos mayores. Ni por parte de la población, ni mucho menos de los políticos. No existe un sólo partido que haya manifestado de modo tajante su desacuerdo con lo que sucede y que va en desmedro de los más pobres.
Terminaremos, absurdamente, agradeciéndole a las encuestas el que no existan más aumentos de precios: la última encuesta CEP determinó que uno de los factores que afecta la popularidad del Presidente son las alzas del Transantiago. Ahora los sesudos estrategas del segundo piso de la Moneda trabajan en un "diseño" que las evite, pero no para alivianarle la vida a los más pobres, sino para no seguir perjudicando la ya escuálida popularidad de su jefe.
Los demás guardan un cauteloso y cómplice silencio.

*Parte importante de la narración histórica fue extraída del libro de Sergio Grez: De la "Regeneración del Pueblo" a la Huelga General. Santiago: Dibam-Ril-Centro Barros Arana, 1997.

viernes, 30 de julio de 2010

No nos importa cuánto gane, nos importa que se endeude…

Por Magdalena Saldaña

Como vivo en San Carlos la mayor parte de la semana, tengo limitado acceso a internet. Cuando necesito revisar mi mail y bajar algunos artículos de la web (o sea, siempre) voy al cyber de la esquina, que me cobra 100 pesos los 10 minutos. Cuando la situación es apremiante y necesito conectarme a eso de las 11 pm, me cuelgo a la línea del teléfono fijo, lo que es carísimo y siempre es objeto de reclamos por parte mía ante los dudosos cálculos de la empresa telefónica para cobrarme esos furtivos minutos.

Así que un buen día decidí terminar con esto de la incomunicación y probar suerte con la llamada “internet móvil”, un dispositivo parecido a un pendrive que permite conectar el pc en cualquier lugar que tenga señal. Me dirigí a Movistar en Concepción con la idea de contratar un plan mensual ilimitado (o sea, si le vamos a poner, pongámosle weno, como dice mi tata), pero me encontré con barreras no consideradas por mí previamente. Resulta que como no soy clienta de Movistar, me exigen acreditar renta para asegurarse de que podré pagar el dichoso plan todos los meses; sin embargo, la renta no se acredita con la renta (plop) sino con la capacidad de endeudamiento del sujeto. Sujeta, en mi caso. Sucede que por cuestión de principios, yo no tengo tarjeta de crédito de ningún tipo. No uso CMR, no tengo Visa, nunca saqué la chequera electrónica, no he aceptado las tarjetas que me ofrecen Hites y Ripley, y no acudí a validar la tarjeta que Cruz Verde me mandó a la casa (lo que me pareció bastante invasivo, a decir verdad). Mi consigna es que si tengo, compro. Si no, será para el otro mes. Y mi sueldo me alcanza lo más bien para pagar el aparatito de la internet móvil, pero quién lo diría, a ellos no les importa. Me doy cuenta de que no les interesa cuánto gano, les interesa que me endeude, y si no me endeudo, no sirvo como cliente. Suena bastante ilógico desde el punto de vista de la economía básica que le enseñaban a uno en la escuela, pero bueno, los tiempos han cambiado y la economía también, y ahora resulta que no importa que uno presente el carnet de identidad y la colilla de pago; no! Ahora hay que presentar el estado de cuenta de Falabella, porque resulta ser una identificación más válida que la que entrega el Registro Civil.

No importó cuánto le argumentara a la niña con traje de azafata y maquillaje de programa Prime; ella, implacable, me explicó que eran las políticas de la empresa y que si no tenía tarjeta del banco o de grandes tiendas, no había cómo saber mi comportamiento como cliente. Le señalé que no tener esas tarjetas y no estar en Dicom hablaba bastante bien de mí como cliente, pero ella parecía estar como programada para responder, y ciertamente, la lata que yo le estaba dando no estaba entre sus FAQ. Al final me fui, enfadada y echando pericos porque de nuevo me quedé sin web en la casa, pero sobretodo porque no me dejan ser feliz con mi decisión de no deberle un peso a nadie. Así que sigo así por la vida, como una NN moderna con capacidad de pago y poder adquisitivo, pero sin poder de endeudamiento y por ende, UN NADIE, como diría Galeano…

lunes, 12 de julio de 2010

Los no ideológicos

Hace unos días atrás, un intendente regional llamó a un amigo para invitarlo a participar en una comisión que creará con vistas a las celebraciones del Bicentenario.
Cuando mi amigo, claramente concertacionista, le expresó algunas dudas, la respuesta de la autoridad fue tajante: "hombre, no seas ideológico".
Con ello le quería decir que no debía tener consideraciones políticas para integrarse a trabajar "por el bien del país", bajo la bandera del nuevo gobierno. Como si diera lo mismo para quien se trabaja.
Es curioso como se ha dado vuelta la historia. Hasta hace unas décadas atrás se habría acusado a la gente de derecha de ser "ideologizada" o estar "alienada", mientras que la izquierda se hubiera arrogado la interpretación verdadera de la realidad. Hoy es exactamente al revés.
Esto plantea una pregunta que no puede ser respondida en este blog, pero que al menos puede ser enunciada: ¿que diferencia hoy al pensamiento de izquierda del de derecha en Chile?
Hay varios puntos que se podrían considerar. Primero, que la derecha cree en el individuo por sobre la sociedad. Es decir, quienes hacen la historia son las personas individualmente y no la sociedad. Ésta no es mucho más que un conjunto de relaciones entre privados. Por lo mismo, tampoco el Estado aparece como algo muy relevante. Éste es más bien un ente que debe entrometerse lo menos posible en las relaciones individuales, ya que los privados siempre resolverán mejor los temas que el aparato público con sus atávicas inclinaciones regulatorias.
En segundo lugar se puede mencionar que la derecha piensa que la competencia, por sobre la colaboración, es el motor de la historia. Esto es lo que la lleva a suponer que si se introduce este mecanismo en todos los ámbitos de la vida social (empresas, hospitales, escuelas, etc.) todo funcionará mejor y de manera más eficiente. Mientras que la colaboración como vehículo de intereses aparece como poco motivador e ineficiente.
Unido a ello se encuentra la idea de que todo ámbito de la vida social puede ser objeto de lucro. Es decir, se puede organizar de manera empresarial y obtener con ello ganancias para los inversionistas, ya se trate de una frutería o de una sala cuna.
Por último se podría señalar que la derecha, al igual que la izquierda, cree en la meritocracia. Es decir, en que los sujetos deben llegar a ocupar espacios sociales por sus propios méritos. Sin embargo, la derecha no considera que las condiciones de inicio para que se dé una competencia meritocrática deben ser igualadas. Es decir, aunque no es lo mismo competir por un lugar en la sociedad siendo pobre que siendo rico, la derecha no piensa que sea necesario igualar las condiciones en que se da esa competencia (que es exactamente lo contrario que piensa cuando se trata de igualar las condiciones de competitividad de las empresas privadas con las estatales: en este caso sí es necesario equipararlas, a fin de que los privados no queden en desventaja).
En las líneas anteriores hay algunas ideas centrales de la ideología de la derecha chilena actual, que la diferencia de la izquierda en la forma como interpreta el presente y quiere construir el futuro.
En definitiva, no es como lo insinúa el señor intendente, que la derecha esté más cerca de la realidad y otras formas de pensamiento más lejos. Es simplemente que ésta ha logrado imponer una interpretación del momento actual y hacerla aparecer como natural, mientras todo lo demás aparece como ideología.

lunes, 5 de julio de 2010

¿Universalismo o particularismo? He ahí el dilema

Desde que el nuevo director de la División de Educación Superior anunciara hace dos domingos atrás una serie de reformas al sistema, el debate no ha cesado. Cada quien tiene sus razones para defender o criticar las propuestas.

Más allá de la forma como se hizo (que mantiene fiel el espíritu profundamente patronal de la derecha chilena, que no requiere de consejo, ni consulta), parece necesario contribuir con un par de ideas.

El eje de la discusión es el siguiente: ¿por qué el Estado debe privilegiar con financiamiento a un grupo de instituciones, si todas producen bienes públicos? Los más extremos preguntan incluso ¿por qué el Estado debe tener universidades si los privados pueden hacer lo mismo a mejor precio y con mayor eficiencia?

Brevemente para no aburrir.

Primero: una universidad estatal se diferencia de una privada, en primer lugar, en la propiedad. La primera no es, como se dice, del Estado, es de todos los chilenos y es administrada por el Estado. Las segundas son de grupos organizados que tienen libertad para hacer con sus instituciones lo que quieran, tanto en el ámbito de la administración, como en el de la enseñanza o investigación. Por lo mismo, en las primeras, las formas de tomar las decisiones, construir el gobierno, etc. tienen un carácter eminentemente democrático y no están expuestas a los intereses o veleidades de los dueños.

Segundo: si el Estado, o sea los chilenos, han decidido tener universidades de su propiedad (como sucede en la mayor parte del planeta), es razonable que concurra a su financiamiento en un volumen suficiente como para que éstas no desaparezcan o se desnaturalicen en una lucha insensata por recursos.

Tercero: la pregunta se podría invertir ¿por qué los contribuyentes chilenos deberían financiar universidades privadas cuyo objetivo central no es producir bienes públicos, sino también (o principalmente) lucro? Alguien podría decir que el lucro no existe, ya que está prohibido por ley. Pero a estas alturas afirmar esto es como tratar de tapar el sol con el dedo. El lucro existe y lo sabe la mayoría de la población. O ¿acaso los consorcios financieros nacionales e internacionales tienen universidades por caridad?

Cuarto: ¿basta con medir las organizaciones por lo que producen y entonces asumimos que todas las universidades generan bienes públicos? O ¿será necesario también preocuparse por cómo producen? Es decir, si las condiciones laborales de los profesores se condicen con los estándares de la profesión o si los contenidos son los que una formación científica exige. En otras palabras, también una universidad puede formar profesionales gracias al fomento de la precariedad laboral de los profesores y puede hacerlo desde contenidos ideológicos de grupos específicos. Es decir, eventualmente atentando contra valores centrales de lo público.

Por último, lo que diferencia una universidad estatal de cualquier otra, por noble que sea su origen y sus fines, es que ésta debe encarnar los valores sociales generales de la sociedad en que se encuentra inserta. Ese es el sentido de las organizaciones estatales. Mientras las restantes universidades tendrán todo el derecho a representar los valores sociales particulares de los grupos que las han creado.

La diferencia no es como se piensa, de tipo económico. No estamos frente a un tema de eficiencia o ineficiencia. Lo que está en discusión es el derecho de la ciudadanía a educarse en instituciones que tienden al universalismo y no al particularismo valórico.

lunes, 28 de junio de 2010

La competencia en educación es una locura de la derecha

El mostrador, 24 de junio de 2010

Por Jaime Retamal


Martin Carnoy, experto de Stanford de visita en Chile

La posibilidad de dejarse llevar por los prejuicios era alta. Invitado por la Pontificia Universidad Católica. Alojando en un hotel cinco estrellas del Barrio el Golf. Alumno de doctorado en economía de Milton Friedman, Schultz y Arnold Harberger en la mismísima Escuela de Chicago. Compañero de curso de Ernesto Fontaine, Sergio de Castro, Rolf Lüders y Carlos Massad en la época de formación de nuestros “Golden Chicago Boys”: economistas –al decir de ellos mismos- que han aplicado los sanos principios de la buena economía (aquella que responde a la naturaleza humana) en nuestro Chile desde que Pinochet fue Pinochet.

Sin embargo, la conversación que sostuvimos por más de una hora con Martín Carnoy, superó con creces cualquier prejuicio. No se trata precisamente de un “outsider”, un aparecido o un rebelde. Martín Carnoy es actualmente profesor de la Escuela de Educación de la Universidad de Standford. Ha trabajado en los organismos internacionales más importantes realizando estudios sobre la realidad educativa de diversos países. Actualmente está trabajando en Sudáfrica, tratando de descubrir factores relevantes para diagnosticar su nivel educacional. El año 2003 fue jefe del equipo de la OCDE que revisó y evaluó las políticas educativas en Chile, aunque -precisa- conoce a Chile desde hace tiempo: vino varias veces antes de la dictadura y varias después, nunca durante. Ha escrito innumerables papers, algunos de ellos –junto a Patrick McEwan- muy relevantes para comprender nuestra realidad educativa. Hoy está en Chile para presentar su último libro editado por el Fondo de Cultura Económica, titulado “La ventaja académica de Cuba ¿Por qué los estudiantes cubanos rinden más?”.

Humilde en su forma de ser y racional –apegado a las evidencias- en todos sus argumentos. En el lanzamiento de su libro, la sala Matte del Centro de Extensión de la UC no dio abasto. Martín Carnoy un verdadero rock star de los estudios de educación comparada. Un troyano en el sistema de mercado y de la productividad educacional. Un Chicago Boy verdadera y auténticamente díscolo.

La locura de la derecha

Nos dice rotundo, como rotundas son las evidencias, que allá o acá, en USA o en Chile, “¡la idea de crear competición entre escuelas es muy tonta!” Insiste en que “Chile es un chiste”, tan famoso en el mundo por tener un Estado ordenado y tan mal y despreocupadamente que gestiona la educación pública. Se lamenta de nuestra necedad para aplicar las correctas políticas de educación que harían cambiar el sistema. “Si Chile no hubiera cometido el error de crear el sistema de voucher en la época de la dictadura y en vez de ello se hubiese preocupado de la formación de buenos profesores, Chile hoy tendría la mejor educación del mundo”. El punto es que la ideología de la derecha es ciega al sentido común. Para Martín Carnoy el curriculum, la formación de profesores, la gestión de los directores no deben estar entregadas al mercado. Y no por comunismo o fascismo es que se debe de centralizar todos estos procesos, es simplemente porque la evidencia lo demuestra: “En Cuba está centralizado y en Finlandia también, y funciona muy bien en ambos países”. Lo central es el imperativo moral -insiste- de resguardar, para los niños, una educación de calidad. El resto es ideología.

Le preguntamos por los semáforos de Lavín, por los liceos de excelencia, por premiar a los mejores liceos en el SIMCE, por entregar toda la información a las familias para que decidan mejor, por la prueba INICIA. Se indigna. “Es como subvencionar al Real Madrid y al Barcelona. Para qué. Así siempre va a haber una liga primero, otra segunda y otra tercera; los demás no podrán nunca ascender, y además tendrán que jugar siempre con los que quedan, pues la liga premier se llevará siempre a los mejores profesores. Es un sistema que crea más exclusión. Van a crear simplemente más desigualdad. ¿Cómo puedes crear la competición sin un zero sume game? Simplemente el actual gobierno tiene una mala idea e insiste en esa mala idea. Los datos en todas partes del mundo muestran que todo lo que ellos hacen no es la solución: hay al menos 30 estudios que muestran que eso no es la solución, pero ideológicamente ellos no pueden hacer otra cosa, es lo mismo que hacen con la salud; la derecha simplemente no quiere admitir que un sistema privado no funciona. Chile, por más de 30 años, ha evitado la solución”.

Es categórico: “Todo el sistema escolar chileno es de baja calidad. Si tomamos las mejores escuelas chilenas y las comparamos con sus similares en el mundo, están simplemente en el promedio. Es como cuando alguien juega fútbol en su país sin ver por televisión otras ligas del mundo y cree que porque es el mejor en su medio local, podría tener el mismo rendimiento en otros países. El sistema privado no funciona para los más ricos tampoco y las cifras lo demuestran claramente… la idea de crear competición es una locura de la derecha”.

El “secreto” de la calidad

“La idea de crear instituciones de elite no es el secreto, si quieres mejorar la educación tienes que mejorar la formación de profesores y la formación de directores de escuelas: este es el secreto”. Una idea -un poco riéndose de Joaquín Lavín pues sabe que no lo hará y conoce de su idea como alcalde de Santiago de importar médicos cubanos- es la de importar de Cuba cinco mil profesores para enseñar a los profesores chilenos cómo enseñar, guiar, orientar, y discutir las didácticas y metodologías. “Si puedes simular a los buenos profesores, no importa como lo hagas, puedes crear o re-crear esas mismas condiciones acá en Chile.” Sin embargo, es muy escéptico: “Ni en el 2050 habrán hecho lo obvio para mejorar el sistema. ¿Por qué? Simplemente por ideología.”

Ciertamente la desigualdad de base social se replica en la escuela. Pero, la forma más fácil de cambiar esa desigualdad es por medidas financieras y fiscales. Es muy difícil cambiar esa desigualdad por medio de la escuela y las cifras –nos lo repite- son muy claras en este caso. Pero esta imposibilidad no tiene nada que ver con creer que no se puede mejorar la calidad y el rendimiento de los estudiantes.

El Estado Chileno debe mejorar la capacidad del sistema (sus profesores) y no significa que no haya buena capacidad, pero va a las mejores escuelas y todo el resto, la de regular y mala calidad, va al resto de las escuelas. Se debe mejorar la calidad de la capacidad de todo el sistema, en todos los niveles, “pero no es que los profesores chilenos sean tontos, no se les debe echar a ellos la culpa, la culpa es de las facultades pedagógicas que también están entregadas al sistema de libre mercado. En Chile el sistema no les enseña a los profesores –vuelve con la analogía fútbol, sea porque en su juventud fue entrenador, sea por el Mundial- a jugar bien”.

De algo si culpa socarronamente a los profesores en Chile. Los profesores cubanos que tienen la mejor formación de matemáticas en las universidades y que enseñan mejor matemáticas en las escuelas, usan lápiz y papel en la sala de clases. Hacen muchos ejercicios. Pero además, muy importante, discuten con los estudiantes los errores. “En Chile no se discute el error. En Cuba sí”.

lunes, 21 de junio de 2010

Las ratas salen de su escondite

Hace un tiempo atrás algunos medios de la escasa prensa de oposición titularon un par de artículos de manera similar, a propósito de las celebraciones que rodearon la victoria de Piñera.
Parte de las huestes ganadoras se pasearon por las calles de Chile con bustos del difunto dictador gritando consignas como "General Pinochet, este triunfo es para usted".
Era un mal augurio de lo que vendría.
Primero fue la reaparición Hernán Büchi, ex ministro de Hacienda del general (1985-1989) y que la dictadura se preocupó de mostrar como una especie de atleta intelectual, que escalaba cerros y se alimentaba de verduras. Luego de reforzar las medidas neoliberales y perder la elección presidencial de 1989, su figura había perdido relevancia, hasta que reapareció semanas antes de la elección de Piñera. Lo hizo para dictar cátedra sobre las medidas neoliberales que debía adoptar el nuevo gobierno y, luego, para marcarle la línea en las primeras semanas. Parecía una resurrección trasnochada del pinochetismo (algo similar al desentierro de Cristián Larroulet, flamante Ministro Secretario General de la Presidencia de Piñera).
Luego, Miguel Otero, un reconocido partidario de la dictadura que durante años fue segundón en Renovación Nacional, fue nombrado por el nuevo gobierno embajador en Argentina. Antes de cumplir 50 días en su cargo afirmó en una entrevista para el Clarín que la mayoría de la población chilena no sintió la dictadura, que, incluso, la agradeció. Seguramente se refería a la minoría a la que él pertenece y que se siente históricamente como representante de los intereses de la mayoría. Pero el embajador Otero no se dio cuenta que el mundo había cambiado. Que ya no estaban los tiempos para andar justificando y celebrando atrocidades. Los ciudadanos de Argentina y Chile, dos países que vivieron brutales dictaduras, montaron en cólera. Cabizbajo, pero seguramente sin arrepentimientos ni remordimientos, Otero debió renunciar y regresar a Chile a asumir su rol histórico de segundón.
Lo mejor, sin embargo, vino cuando José Piñera, el hermano del Presidente y recordado por la invención del sistema de pensiones chileno, comparó el régimen de Hitler con el gobierno del presidente Allende. La analogía era tan fuera de lugar que hasta el ministro del interior de su hermano debió salir a contradecirlo. Como alguna vez dijo Ricardo Lagos en una entrevista: "en casi cualquier país del mundo que uno visite hay una calle, una plaza o una escuela que se llama Salvador Allende. En ninguno hay algo que se llame Augusto Pinochet". Mucho, menos Adolfo Hitler. Y eso habla de cómo el mundo entiende su propia historia. Bueno, salvo José Piñera.
Lo sucedido no es una gran sorpresa. Era esperable que las ratas comenzaran a salir de su madriguera. Lo interesante es que éstas no son "ratas de cola pelada", como suele decirse en el campo, sino importantes ex personeros políticos.
Piñera está en mala compañía y de él depende que ésta cobre mayor visibilidad o desaparezca para siempre. Tiene que ver con la decisión que él tome respecto al pinochetismo y los pinochetistas que aún pululan en busca de algún reconocimiento histórico que no tendrán.
Salvo que el Presidente estime lo contrario.

sábado, 19 de junio de 2010

Los Excelentes

Por Daniel Casanova

Toda la sutil brutalidad de la nueva forma de gobernar se expresa en los mapas del SIMCE, donde se identificarán con colores los colegios según su rendimiento en esa prueba. "Eso significa que la subvención que va con el niño va a ir al colegio bueno y ese colegio bueno va a crecer y aumentar la matrícula; al mismo tiempo, los colegios que están mal cuando vean que van a perder alumnos tienen que ponerse las pilas y empezar a mejorar, ese es el objetivo", explicó el Ministro Joaquín Lavín.
Este gabinete de la excelencia, con doctorados en universidades de clase mundial, pasa por alto algunas catedrales que están ante sus ojos.
A un observador desprevenido, pero desinteresado, se le ocurriría temprano la hipótesis de que la baja calidad de la educación chilena algo tiene que ver con el hecho de estar entregada a mecanismos de mercado. La simple sincronía temporal de ambos fenómenos (liberalización mercantilista - descenso de la calidad) obligaría a indagar en el fenómeno hasta a un científico aficionado. Es como cuando a alguien se le ocurrió que las mareas tenían que ver con las fases de la luna. Simple inducción.
El mismo observador, sin necesidad de doctorarse en Standford, podría reparar que no existe en el mundo evidencia de sistemas educativos de calidad equitativamente distribuida, cuyo motor sea el lucro y la competencia por estudiantes portadores de la subvención. Es por eso que, cuando los comentaristas mercuriales suelen sacar el caso de Finlandia como ejemplo de un sistema que funciona, enumeran sus características, pero omiten o mencionan a la pasada, que es un sistema mayoritariamente público y bajo fuerte regulación estatal.
Pero si nuestro observador ya no es tan desprevenido y tuvo la suerte de hacer un curso de estadística de pregrado, podrá constatar que el semáforo basado en puntajes brutos promedio es precisamente una brutalidad, ya que no da cuenta de las variaciones internas y de las variables de contexto. Los colores basados en puntajes brutos incentivarán la selección de estudiantes por habilidad en escuelas sobredemandadas y, por esa vía, la reproducción de la ventaja relativa. Luego, existe el riesgo de elegir escuelas de alto puntaje, pero incapaces de enseñar bien y matar a las escuelas de puntaje modesto, que están haciendo un buen esfuerzo positivo en contextos adversos.
Si ya nuestro observador se graduó en una maestría, se percatará que el mercado no es un espacio neutral, y que la capacidad de elegir bien está en directa relación a los recursos económicos y capital cultural disponible en las familias. Según gente como Lavín y sus "excelentes", en el mercado todos somos iguales y las diferencias -en materia educacional- se darán ahora por los diferenciales en la capacidad de elegir bien. O sea, a partir del próximo SIMCE la culpa de la mala educación se traslada a los malos padres que no supieron elegir, pese a que se les entregó el bendito semáforo.
Y a propósito de mercado y lucro, ¿que han dicho las facultades de educación sobre todo esto? Hoy 17 de junio, cuando ya Lavín está repartiendo sus mapitas, si se ingresa en las noticias del Google la cadena de palabras "simce - colores - decano" se obtiene un solitario resultado.